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001 Y como destino... (Privado)

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001 Y como destino... (Privado)

Mensaje  Dicky Ianacond el Sáb Oct 25, 2014 1:36 am

-Vete chico, vete- Lo amenazó el casero con un puño en lo alto, está vez Dicky no había conseguido que el hombre hiciera lo que él quería. No le resultaba extraño meterse en la mente de las demás personas y colocarles sus ideas, pero a lo largo del tiempo había descubierto que muchos no seguían al pie de la letra lo que su cabeza les decía. Una habitación menos a las que podía adquirir, otra noche que dormiría en algún callejón con olores rancios, evitando que los demás indigentes trataran de golpearlo, violarlo o robarle. Una vida de mierda, literal.
Él nunca se quejaba, dormía en los lugares más inhóspitos posibles, y le resultaba un lujo dormir en una habitación que al menos tuviera agua fría con la que se duchaba alegremente. Si sueño era cantar y aunque le costará mucho lograrlo lo haría, no iba a perder las esperanzas “Lo último que se pierde” Se decía una y otra vez dándose valor.
Caminó sin un rumbo fijo, estaba dispuesto a que sus pies lo llevaran a cualquier lugar. Se calzó la capucha que le tapaba la cara y se acomodó mejor su única y mejor posesión, su guitarra. Cuando sintiera cansancio se tiraría a dormir en cualquier sitio, o al menos descansaría un poco hasta que saliera el sol y luego decidiría donde dormitar un rato, o quizá tocaría la guitarra para darle alegría a su corazón. Dicky era egoísta.
No llevaba mucho en su bolsillo, quizá diez dólares, lo que no costaba ni una habitación de esas que andaban las ratas dando vueltas por ahí. Largo un suspiro que no contenía más que la misma humillación que vivía diariamente, nada cambiaba y cuando lo hacía él comenzaba a sospechar y cambiaba de rumbo. Ya no era Dicky, muchas veces era Dustin, Brian, Luka o el nombre que se le viniese a la mente en cinco segundos. Hoy era una sombra más de aquellas que paseaba por la noche.
Notó una luz que lo cegaba, un bar que todavía tenía las puertas abiertas. Ya no trabajaba en ellos, sabía que la persona o no, que años atrás estaba interesado en él y que había cometido el asesinato de varios de sus amigos, aun se encontraba al acecho, agazapado en alguna sombra para dar la cara y cometer otro crimen ¿Qué buscaban de él? Era algo que Dicky todavía no estaba al tanto.
Sacó la mano de su bolsillo y tiro la puerta, para encontrarse en un bar lleno de humo, alcohol y mucho ruido. Le vinieron vagos recuerdos de un pasado que hubiera sido feliz. Se le vino a la mente la imagen de Esteban, el único que sin saber quién diablos era le cedió un espacio, le brindó una mano y le entregó su corazón, aquel que Dicky no pudo aceptar. Se adentró al sitio, nadie se fijó en él “como era de esperarse” se dijo dibujando una leve sonrisa y se sentó en la parte más apartada de todos los hombres que había por allí, murmurando cosas, escribiendo palabras en cuadernos roídos y viejos.
Dejo la guitarra a un lado y se concentró en la servilleta que había, en realidad la única que quedaba en el servilletero. La tomo entre sus manos y notó un nombre que iba misteriosamente bien con el bar. Notó que alguien se le acercaba –Buenas noches- Dijo Dicky, durante esos años había mejorado notablemente su inglés –Me gustaría una cerveza- Mencionó, luego pensaría como pagarla.
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Re: 001 Y como destino... (Privado)

Mensaje  Esteban Ferrari el Lun Oct 27, 2014 12:31 am

El día estaba siendo demasiado largo para mi gusto, había pasado toda la tarde tatuando a un nuevo cazador quien deseaba la imagen de un diablo gigante su espalda envuelto en llamas azules y naranjas, un enorme y cansador trabajo pero del cual había sacado una buena cantidad de dinero. Hacia grandes tatuajes pero nada era gratis y mucho menos para ellos, que con unas cuantas copas de alcohol encima pretendían que mi trabajo fuera ad honorem, si claro maldito infeliz, total mi vida es la de un millonario. Quite aquellos pensamientos de mi cabeza con un largo y agotador suspiro mientras continuaba fajinando los vasos de Wisky con un poco de alcohol y un trapo blanco que giraba entre mis manos en los bordes del mismo vaso vacío.
El lugar estaba lleno y nadie tenía la esperanza de marcharse por lo menos en esos momentos, coloque mi mirada en la primera mesa y visualice una por una, podía ver caras nuevas en las primeras cinco mesas y luego, en el resto era los mismos clientes que pasarían por mi bar a borrar algún que otro dolor. La voz del camarero me sacó de aquellos pensamientos y clave mi mirada en él, no era como Dicky y no podía compararlo en ninguno de sus aspectos, este jovencito era morocho y de actitud altanera, aunque su carácter no me era nada agradable era lo único que podía conseguir en esos días para trabajar en mi bar, la clientela había aumentado en los últimos meses y yo no podía hacerme responsable solo de todo eso. Me hacían falta mis amigos y era en esos momentos donde comenzaba a extrañarlos más que nunca.
-Tendrás que quedarte después de hora Brian. El bar está lleno y no voy a echarlos a todos por un capricho tuyo.
Sabía que Brian se había acercado a la barra a quejarse del trabajo que había y que él solo deseaba marcharse para ir a verse con su novia. Comprendía el amor que ambos se pudieran tener, pero trabajo era trabajo y hoy en día había que cuidarlo. Note la cara de pocos amigos de mi empleado y sin hacerme mucho problema continué con mi labor de limpiar los vasos, comenzaría a achicar la limpieza por donde más pudiera y dejaría el salón para lo último, esperaba que a esas horas nadie quisiera un tatuaje o Brian debería cerrar el local solo.
Unas horas mas tarde y ya con mi parte del trabajo terminado algunas mesas comenzaron a desocuparse, era hora de ir acomodando las mesas de a poco dándole a entender a las demás personas que en pocos minutos cerraríamos. Salí de atrás de la barra de madera y camine entre las mesas colocando servilletas y pasando sobre ellas un trapo húmedo quitando toda la suciedad de líquidos derramados. Por lo visto Brian se había entretenido felizmente con una jovencita en una de las tantas mesas y había olvidado por completo a su novia quien lo esperaba en algún lugar y la idea de que estaba en horas de trabajo y debía atender las mesas en vez de posar como un ídolo pop en las mesas. Negué algo enojado con la cabeza y continué acomodando las mesas, de repente la puerta volvió a abrirse y la presencia de un nuevo cliente se hacía presente en el lugar. Se acomodó en una de las mesas vacías y tomo una servilleta entre sus manos. Observe por un momento su aspecto algo desalineado y secreto y me acerque con pasos firmes pero algo cansados hasta él. Por su contextura física podía notar que era la primera vez que ingresaba a mi bar y podía ver las suelas de sus zapatillas algo gastadas, tal vez se trataba de otro cazador quien había gastado sus suelas de tanto caminar y perseguir demonios sin sentido, conocía la historia de cada uno de ellos, pero ninguno de ellos conocía la mía y tampoco la conocería.
Me pare frente al sujeto y sin darme tiempo a preguntarle que quería, me pidió una cerveza.
-Bien, una cerveza. La cocina está cerrada, en unos minutos vamos a cerrar.
Con un rápido movimiento coloque el trapo blanco y húmedo sobre mi hombro izquierdo y me dirigí hacia la barra en busca de la cerveza, había algo en ese sujeto que hacía que mi piel se erizará por completo, su voz aun sonaba en mi cabeza una y otra vez como un disco rayado, no era un cazador como mi cabeza lo había imaginado, era extraño ver a uno de esos sujetos con una guitarra a su lado. Tome la cerveza helada entre mis manos y camine nuevamente hacia el nuevo cliente. Apoye la botella sobre la mesa y con un simple movimiento la destapé.
-Son 6 dólares.
Me quedé parado unos instantes de brazo cruzados sobre aquella mesa donde podía percibir un clima muy particular, algo me hacía poner bastante nervioso, pero no podía descifrar que era exactamente.
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Re: 001 Y como destino... (Privado)

Mensaje  Dicky Ianacond el Lun Oct 27, 2014 1:09 am

“La cocina está cerrada, en unos minutos vamos a cerrar” Fueron las palabras que Dicky asintió, no pensaba quedarse mucho rato hasta que pusiera en claro sus pensamientos, podía llevarle toda la noche como podría llevarle solo cinco minutos. Esa noche dormiría nuevamente en alguna cama para aquellos que no tenían vivienda. La situación no mejoraba y Dicky no dejaba que aquellos contra tiempos le arrebataran lo único que le quedaba por vivir, realizar su sueño era lo único que lo mantenía en pie. Llevaba consigo una pequeña bolsa bien guardada con alguno de sus ahorros, que no tocaba desde que comenzó a dormir en la calle, no sabía con exactitud cuánto dinero tenía escondido por allí, pero era lo único que podía salvarlo. Con ese dinero podría alquilar un sitio donde podía grabar sus canciones y luego promocionarse solo] –No te preocupes, no serán muchos minutos- Comentó con la misma falta de ganas con las que el tipo le había señalado aquello. Se notaba que el camarero, como el que le fue a buscar la cerveza, estaba deseoso de marcharse y continuar su vida fuera de aquel sitio lleno de gente extremadamente rara. Dicky se fijó en cada uno de ellos. Una mujer de aspecto salvaje pero muy hermosa, discutía con otra acerca de un Wendigo o ¿Era una boda?* Pero parecía que ambas se hablaban una encima del otro. Giró apenas la cabeza y se fijó en un hombre corpulento que tomaba en solitario una cerveza, parecía nostálgico y mal humorado.
Nuevamente lo quitó de sus pensamientos la voz del cantinero, aquella que le parecía un tinte familiar en su tono de voz. Alzó la mirada, para que una luz tenue le dé en el rostro “6 dólares” fueron las palabras del cantinero, aquel rostro le resultaba familiar ]-¿Cuánto es?- Pregunto dubitativo, estudiando el rostro del hombre que se encontraba con brazos cruzados y una ráfaga de imágenes se le vino a la mente como un bombardeo. Años atrás, creyendo que el único que había sobrevivido era él y ahora se presentaba ante él un fantasma que lo perseguía, incluso en sueños aparecían los tres. Se levantó precipitadamente, necesitaba salir de allí, pero si lo hacía correría peligro, estaba en peligro lugar donde pisara y no podía dejar que lo vieran. Hurgo entre sus bolsillos y tomo el único billete de diez dólares y lo deposito sobre la mesa, bajando la mirada y volviendo a sentarse, con el corazón que le palpitaba a mil –Disculpe…- Se miraba las manos, tratando y rezando que todo fuera una burla de esas seres que lo perseguían por la noche] -¿Me podría decir su nombre?- Pregunto, no quería saber, mientras menos contacto hiciera y tuviese con la gente a su alrededor, más seguro Dicky se sentía. Nadie conocía su nombre real, para ellos era una sombra que se iluminaba cuando cantaba y nada más.
Notó que el hombre que con anterioridad, Dicky había observado, ahora los miraba con curiosidad, no le convenía que se acercará mucho más “Te quedarás ahí tomando una cerveza, no te moverás ni un segundo más. Tienes ganas de tomarte otra cerveza o quizá algo más fuerte” El hombre realizó exactamente lo que Dicky había mencionado, llamo al camarero y pidió otra cerveza, aunque luego lo detuvo y ordenó que le trajeran Wisky.
El joven no se animaba a tomar la cerveza e intento poder entrar en la cabeza del cantinero, como era de esperarse, no con todos podía jugar a su antojo, no todos eran sus peones y recordó que con Esteban había sucedido exactamente lo mismo, era con el único con el cual no podía moverlo a su antojo -¿Me puede decir la hora?- Pregunto, observándose las manos, ya dispuesta a marcharse lo más rápido posible “Estoy en problemas”.
La puerta se abrió de pronto, una mujer con curvas bien marcadas y hermosas como si se tratase de una modelo se sentó frente a Dicky. La conocía…ella era la que lo seguía a sol y sombra. Le recorrió un escalofrío espantoso ¿Allí estaba seguro? No, pero afuera tampoco. Se quedó perplejo, sin quitarle la mirada a aquella mujer que ahora le sonreía.


(Hice alusión a Wedding, él entiende Wendigo)
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Re: 001 Y como destino... (Privado)

Mensaje  Esteban Ferrari el Lun Oct 27, 2014 2:50 pm

-Seis dólares.
Repetí nuevamente ante la pregunta del sujeto, aun con mis brazos cruzados y mi mirada perdida hacia uno de los costados del bar, era interesante ver como Brian seguía charlando con la joven mientras yo me encargaba de atender a los nuevos clientes que ingresaban en el bar. La acción rápida del joven al levantarse de la mesa me hizo sobresaltar de mis pensamientos y observe al sujeto con el ceño fruncido, era realmente extraño y su actitud comenzaba a darme sospechas, estaba acostumbrado a trabajar con sujetos como él que pedían una cerveza y luego al no tener dinero para pagarlo comenzaban una pelea en el bar o directamente salían corriendo victoriosos por beber una cerveza gratis, grandes idiotas y perdedores para mi estilo de vida. Observe como sacaba diez dólares de su bolsillo y los dejaba sobre la mesa, sus manos temblorosas me dieron la sensación de que aquel sujeto no se encontraba bien.
-¿Te sientes bien? Escúchame una cosa, no quiero problemas acá, así que si estas drogado y buscas una pelea te pido que te vayas del bar.
Su cuerpo volvió a caer sobre la silla del bar y escondió su cabeza entre las sombras oscuras del lugar, desde el momento en el que ese sujeto había ingresado al bar no había podido observar su rostro. Coloqué mi mano sobre el dólar que se encontraba sobre la mesa y lentamente lo levante, por lo visto tenía algo de dinero para pagarme y aun le quedaban unas monedas a su favor. Coloque una de mis manos dentro del bolsillo de mi pantalón negro buscando la billetera, coloque el dólar de diez y tome cuatro dólares para regresarle al sujeto como vuelto, colocando los billetes sobre la mesa. Sin mas que hacer en esa mesa di unos pasos hacia atrás para continuar con mis labores, pero la voz del joven hizo que me detuviera y volví a clavar mi mirada en aquel sujeto misterioso. Había algo que comenzaba a disgustarme del sujeto, pero no tenía motivos para echarlo, después de todo su comportamiento era bueno y había abonado su cerveza como correspondía.
-¿Mi nombre?... Si tenes alguna queja, voy a decirte que soy el dueño. ¿Puedo ayudarte en algo?.
La mayoría de las personas creían que el dueño era un sujeto viejo quien dejaba a empleados incompetentes para atender el bar. Deslice mi mirada por un momento al camarero que finalmente se había dignado a atender a un señor quien llevaba unas cuantas horas en ese lugar ya y comenzaba a sospechar que iba a tener que sacarlo de manera ebria de aquel lugar. La voz del extraño sujeto volvió a sacarme de aquellos pensamientos y largando un largo suspiro gire mi cabeza hacia un reloj enorme que colgaba sobre la barra de madera, donde cualquiera podía observar los números, la mayoría de las personas perdían la noción del tiempo ahí adentro y de alguna manera tenía que recordarles que afuera de aquel oscuro lugar había un mundo lleno de vida y seguramente familias esperando el regreso a cada de aquellos sujetos.
-Van a ser la una de la mañana en diez minutos. ¿Estás esperando a alguien?.
Estaba acostumbrado a juntarme con personas extrañas y con actitudes sospechosas, después de todo la mayoría de mis clientes eran cazadores y estaban constantemente a la espera de que algún demonio cruzara aquella puerta, la mayoría vendía su alma por salvar a algún familiar que se encontrará en graves problemas, admiraba el valor de ellos por hacer pactos con ese tipo de demonios, a pesar de dedicarme a lo mismo que ellos, muy pocas veces había querido hacer un pacto para que me devolviera a mis amigos y a mi amor Dicky, pero ¿Qué ganaría con ello? La vida era injusta y yo debía aprender a vivir sin el apoyo de ellos. Pasé una de mis manos por mi rostro y volví a colocar mi mirada en el sujeto que comenzaba a llenar mi poca paciencia.
-Puedo esperar a que venga la persona que esperas, pero no puedo dejar que se queden acá toda la noche. Lo siento.
No deseaba ser mal educado con aquel sujeto, sabía que mi humor no era el mejor de todos, pero al fin y al cabo gracias a mis clientes yo podía comer por las noches y aunque algunos eran realmente personas desagradables, debía tratarlos de buena manera.
La puerta se abrió de pronto y la presencia de una hermosa y llamativa mujer se hizo presente en mi bar, había algo que no me agradaba con aquella presencia, era imposible que en aquella pocilga entrara una mujer como ella… Finalmente lo que tanto habían esperado los cazadores se hacía presente en mi bar. Tomó asiento en otra mesa frente al extraño sujeto, la mirada de aquella mujer se clavo en el extraño sujeto y el clima se noto mucho más tensó. Coloque mi mirada por un momento en aquella mujer y comencé a comprender lo que sucedía, un nuevo cazador haciendo un pacto con una mujer demonio.
-No tenes que hacerlo. No vale la pena.
No me agradaba que aquellos sujetos vendieran su vida con aquellas criaturas, comprendía el dolor que ellos podían sentir al perder a algún familiar, pero ese no era el camino correcto a seguir. Apoye mis manos sobre la mesa de aquel extraño sujeto, flexionando un poco mis codos para que mi boca quedara a la altura de su cabeza escondida entre sombras.
-Si necesitas ayuda, voy a estar en la barra. Se del tema y puedo darte una mano en lo que te haga falta.
Sabía que la mayoría de los demonios no se quedaban conformes con los pactos hechos con los cazadores y mas de una vez se había armado una pelea bastante grande, dejando mi bar en destrucción total. Desde aquella vez, me dedicaba a guardar la compostura detrás de la barra observando los movimientos de ambos para actuar en el momento en el que el cazador solicitaba mi ayuda. Quité las manos de su mesa y me incline por completo, ya no había mas que hacer en esa mesa.
-Por cierto, soy Esteban.
Comente por último girando sobre mis talones marchándome de aquel lugar donde comenzaba a estar de mas y me dirigí a la barra para observar al sujeto extraño y su nueva dama.
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Re: 001 Y como destino... (Privado)

Mensaje  Dicky Ianacond el Mar Oct 28, 2014 1:16 am

¿Drogado? Lo había probado, pero no se había entusiasmado, a veces era mucho más sencillo escapar de una realidad llena de dolencias y problemas que lo acechaban en cada esquina, sin embargo no estaba interesado ¿Borracho? Jamás, el poco alcohol que entraba en su organismo evitaba que fuera más allá, su conciencia era lo único que le permitía darse cuenta de cuál era su objetivo en aquel mundo de mierda, no seguiría los pasos de su padre, un ser que aborrecía y que en pocas ocasiones traía a su mente –No te preocupes, no voy a traerte problemas- Mencionó realizando un ademán con la cabeza, no tenía intenciones de verse envuelto en ningún tipo de discusión, si las evitaba mucho mejor para él.
Se fijó en los cuatro dólares que este le acababa de dar como vuelto, no le alcanzaba ni para pagarse una cama caliente, de igual manera sus diez dólares tampoco iban a hacer de mucha ayuda. Las tomó con resignación, no había más opción que poner la cara a una vida que era una mierda. Se guardó el dinero en el bolsillo de su campera de algodón y se quedó allí, esperando a que el barman se dignara a contestarle una de las tantas preguntas que se había atrevido a hacerle, tampoco podía exigirle demasiado a alguien que no sabía cómo podía llegar a reaccionar, tenía que pensar que si realmente se trataba de Esteban, Dicky debía escapar lo más rápido posible, si se enteraba de que él seguía vivo correría la misma suerte que años atrás, ya los había perdido, con un vacío en el pecho ¿Volvería a perderlo? No, no estaba dispuesto, además el barman no se merecía que un muchacho con mala suerte, le volviera a arruinar la vida.
Le sorprendió el cambio radical de humor, aunque recordaba que tampoco había sido muy agradable cuando Dicky decidió sentarse en una de las mesas -No. No tengo ninguna queja al respecto…Lo siento si te disgusto mi pregunta- Esto último lo mencionó de una manera un poco molesta, entendía que muchas veces el decir el nombre era meterse en la intimidad de alguien “no, no puede ser Esteban” Quería replantearse la idea de que no todos los cantineros tenían el mismo aspecto que aquella persona a la que Dicky estaba eternamente agradecido y que a su vez sentía una terrible culpa que le pesaba en su corazón.
Levantó apenas la vista para dirigirla hacia el enorme reloj que se encontraba en la pared, se sintió avergonzado y sintió el incordio que había sido aquella pregunta para el cantinero sin nombre –Gracias- Murmuró apenas moviendo los labios –No, no espero a nadie- “No, estoy solo, siempre solo” Dijo mentalmente Dicky sin explayarse mucho más en su respuesta, necesitaba escucharle un poco más la voz ¿Era Esteban? Por un lado creía escuchar su cantarina voz, pero por el otro lado se decía que no, que no podía ser él, había muerto años atrás ¿Por qué el destino le estaba jugando esta mala pasada? No comprendía el motivo por el cual la vida se empeñaba en hacérsela mucho más difícil de lo que ya había sido. Albergaba, siempre la esperanza “Es lo último que se pierde”
La mujer no dejaba de mirarlo y poco a poco sentía que su presencia le pesaba. Por más que se encontrara rodeado de gente, estaba solo y ella lo sabía. La voz del cantinero lo saco por un momento de su oscuridad -¿Perdón?- Pregunto sorprendido, no acababa de entender lo que este le acababa de decir –Oh, claro…- Sus palabras eran cortas y dubitativas, hasta que comprendió su significado. Se quedaría sin nadie que lo apoyara ¿Por qué sentía tanto miedo? ¿Cuántas veces había estado rodeado de cosas mucho peores? Pero esta vez era diferente, porque allí no sólo se encontraba una mujer que lo miraba fijamente, sino que además estaba agobiado por un pasado lleno de oscuridad.
Se llevó la botella de cerveza, un trago de aquel liquido paso limpio por su garganta, hasta que escuchó la mención del nombre del cantinero. La escupió, tosiendo un poco que le había quedado atorado -¿Qué dijo?- Pero el sujeto ya se había marchado, indicando que la mujer estaba libre a hacer lo que quisiera. Dicky busco con la mirada al cantinero y recordó todos los momentos que él había trabajado allí, los buenos y únicos momentos en los que por primera vez se sintió seguro.
-¿Qué pasa muñequito? ¿Te vienen todos los recuerdos?- La voz de la mujer, penetrante, intimidante y muy sensual, lo quitó de inmediato de sus escasos recuerdos. Alzó la cabeza y al hacerlo, no sólo se encontró con los ojos de una mujer que no conocía, pero si de una mirada que le resultaba familiar. Era eso lo que no comprendía. Las personas eran todas diferentes, pero aun así hablaban y se movían igual
-¿Nos conocemos?- No quería parecer asustado, tenía que pensar que había pasado cosas mucho peores a que se le acercara una mujer a hablarle, pero sabía que aquella no era cualquier mujer –No estoy interesado en tener ninguna noche divertida ni nad…- Pero no pudo continuar la frase. Ella lo tenía agarrado por las mejillas, infringiéndole cierto dolor.
-No te hagas el bobo Dicky ¿Quieres que te llame Dustin, o Luke? ¿Qué nombre prefieres más?- Sentía el aliento frío en su rostro, se le vino a la mente la única vez que su padre había propasado con él. Sintió una repulsión, un mal estar estomacal, quería vomitar lo poco de comida que rondaba por sus tripas.
Sintió que las manos de ella se deshacían de ese dolor que le causaba y tomo asiento muy cerca de él –Hablemos de negocios, ¿No te han dicho que eres especial? Incluso para el cantinero- Una sonrisa irónica revoloteó en los labios de la mujer, a pesar de ser demasiado atractiva para cualquiera en el bar, para Dicky aquella era aterradora.
-No sé qué quieren ustedes de mí- Mentía, pero no iba a dejar que ella se hiciera dueña de la situación. Necesitaba irse de allí, demasiadas emociones por una noche, pero ¿Dónde iría?. Notó que los dedos, como garras, de la mujer se posaban como una mariposa sobre su capucha, lo cual tiraba hacia atrás, dejando al descubierto un rostro lleno de amargura y tristeza, pero que incluso a pesar de sus años viviendo como un vagabundo, seguía siendo hermoso y atractivo en todos los sentidos. Dicky abrió los ojos como dos platos, sorprendido ante aquel acto tan cruel, mientras la mujer se echaba a reír a carcajadas.
Rápidamente y con cierta torpeza, se colocó la capucha. Se levantó precipitadamente de la mesa, empujándola y observando como la botella casi llena de cerveza se desparramaba por la mesa –Lo siento- Murmuraba una y otra vez, tomando con torpeza la guitarra que seguía apoyada en la pared.
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Re: 001 Y como destino... (Privado)

Mensaje  Esteban Ferrari el Miér Oct 29, 2014 1:48 am

La visión desde mi barra hacia aquel sujeto extraño era como estar en primera fila de una gran obra de teatro, aunque el humo de los cigarrillos y la luz casi tenue del bar impedía que viera con claridad el rostro y los labios de aquel sujeto, me era casi imposible notar si pedía ayuda con sus labios, si realmente se metía en serios problemas debía rebuscar una manera de llamar mi atención sin lograr enojar a esa extraña mujer. Tome un trapo blanco entre mis manos y comencé a pasarlo por la barra de madera, por alguna extraña razón el sujeto había escupido toda la cerveza sobre la mesa, pero no era el momento indicado para limpiarla, seguramente ambos se encontraban en medio de un trato interesante como para imponer mi cuerpo en el medio.
Gire a penas un poco y tome entre mis manos una botella de Whisky “100 pipers”, necesitaba algo que me mantuviera despierto un par de horas más y por lo visto mi nuevo cliente y su amiga iban a llevar un tiempo con su pacto. Desenrosque la tapa rápidamente y tomando uno de los vasos limpios, coloque un poco de ese líquido, para mi cuerpo aquella infusión era como beber agua, ya nada le hacía a mi cuerpo y mucho menos a mi hígado. Bebí un poco de aquel fuerte whisky y clave nuevamente mi mirada en el misterioso encapuchado, la mujer ahora se encontraba sentada en su mesa y por lo visto la conversación no llevaba un buen tinte, su mano tomaba la cara del sujeto con algo de bronca, por lo visto y como era de esperarse aquel demonio comenzaba a sentirse enojada con las palabras de aquel niño. De repente un cuerpo conocido se hizo presente frente a mi tapando toda la visión posible, pestañe un par de veces para poder comprender que era lo que estaba pasando y alcé mi vista. Allí me encontré con la cara de enojo de Brian que por lo visto ya quería irse.
-Está bien, está bien. Te podes ir. Anda, mañana trata de no llegar tarde. Suerte con la nueva conquista.
Coloque una de mis manos dentro de los bolsillos del pantalón y saque 300 dólares para pagarle el día al muchacho. Con una pequeña sonrisa de costado se despidió y note como salía de aquel bar siendo libre de aquellos sujetos que comenzaban a fastidiarme un poco.
Apoye mis codos sobre la barra de madera sumamente lastrada, no había más que hacer solo esperar que los clientes comenzarán a irse, ya no abriría una sola botella más, la barra se encontraba cerrada para todos, era hora de descansar. Hice un pequeño recorrido con la vista a cada una de las mesas, de a poco los clientes se iban levantando y con un leve movimiento de mano me daban la despedida de aquel día, tal vez pasarían años sin volver a verlos, pero era bueno saber que tarde o temprano volverían, pose la mirada por un momento en aquel sujeto a unas mesas del otro sujeto extraño y su expresión de horror en su rostro hizo que mirara rápido la mesa del encapuchado… La piel se me erizó como si un frío polar recorriera cada centímetro de mi cuerpo, los ojos comenzaron a llenarse de lágrimas y pude sentir como una presión comenzaba a comprimir mi pecho, las piernas no me respondían aunque quisiera moverme, comenzó a darme vueltas todo, miles de recuerdos se acoplaron en mi cabeza, mis amigos… Dicky…
Asombrado y sin aliento comencé a caminar de a poco hacia la mesa de aquel sujeto, seguramente mi imaginación, el cansancio y el whisky me estaban jugando una mala pasada. Sin poder confirmar mi sospecha aquel sujeto extraño volví a ponerse la capucha, dejando todo mi mundo en negro… de nuevo. Cerré los ojos por un momento parado en el medio del bar y tome el poco aire puro que quedaba, Dicky estaba muerto y no volvería, después de tanto tiempo había vuelto a confundir la realidad con mis estúpidos sueños de volver a verlo. Abrí los ojos rápidamente y observe cada rincón del bar, apenas quedaban dos clientes que ya comenzaban a marcharse. Me coloque detrás de aquella mujer provocativa, aquel sujeto había tirado la cerveza en la mesa y lentamente comenzaba a caer sobre el suelo del bar recorriendo cada grieta de aquel gastado piso.
-Tranquilo. Yo me encargo de limpiar.
Me acerque un poco más a la mesa y aparentando limpiar aquel lugar coloque mis ojos verdes sobre la mujer girando un poco la espalda para que aquel sujeto no pueda ver mis movimientos e impidiéndome a mí mismo ver que hacia aquel niño.
-Es hora de que vayas a casa con tus hermanos. Si no te vas voy a prender los rociadores y te aseguro que tienen agua bendita. Si queres desintegrarte y sufrir quédate, sino ya conoces el camino.
Le dedique una sonrisa forzada y hasta podría decirle falsa y termine de limpiar la mesa regresando a mi postura normal. Note como el sujeto temblaba del miedo y con algo de torpeza intentaba tomar la guitarra entre sus manos. Me acerqué rápidamente a él y coloque una de mis manos sobre su hombro izquierdo, esperaría que aquella mujer se marchara primero para dejarlo ir, de nada servía que él se fuera detrás de aquella mujer o su vida terminaría a unos pocos pasos de mi bar.
-Ella se va. Podes quedarte un rato hasta que se vaya.
Quite mi mano de su hombro y me quede unos segundos detrás de él oliendo su aroma, aun no podía sacarme la idea de que aquel sujeto era mi rey, pero era imposible, él estaba muerto y apenas había podido verlo. Baje mi cabeza algo apenado y dolido por lo que había pasado y comencé a caminar nuevamente hacia la barra sin percatar cada uno de los movimientos de aquella mujer. Comencé a levantar cada una de las sillas colocándolas sobre las mesas vacías, ya nadie entraría y era hora de cerrar.
-¿Tenes donde dormir?.
Pregunté al sujeto aun cerrando mi bar, si aquella mujer aún se encontraba escuchando cada una de mis palabras, quería que notara que no iba a dejar a su presa fácil de cazar y mucho menos iba a dejar que fuera cazado en mi bar, eso no era un cementerio de cazadores, era un refugio para ellos.
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Re: 001 Y como destino... (Privado)

Mensaje  Dicky Ianacond el Miér Oct 29, 2014 2:27 am

Dicky quería decirle que ni se molestará en limpiar, que su único objetivo de aquella noche era alejarse lo más rápido posible, escapar de aquella terrible noche. Se concentró en los movimientos del cantinero, a pesar de que desde su posición no lo veía del todo bien, conocía esas facciones. No quería ni siquiera cruzarse con aquellos ojos y de pronto se encontró preguntándose ¿Eran verdes? ¿Pardos? Un detalle que hasta altura del partido no se le quería pasar por alto.
La demonio se quedó aun con la mirada fija en Dicky, provocando que el miedo lo abrazara a tal punto de no querer salir de allí ¿Enfrentarse a un destino pasado? O a ¿Una muerte sin igual? La mujer despegó por fin aquellos ojos azules, insultantes y vanidosos del jovencito, para dirigirlos al cantinero que le pronunciaba unas palabras que Dicky no llegaba a oír –No será ni la primera, ni la última vez que nos veamos. Se los digo a los dos- La mujer se arregló el cabello con sutileza, era extremadamente hermosa pero con rasgos tan diabólicos como la belleza que portaba con altanería. Dicky la había admirado, cualquier hombre podría sentirse atraído por semejante criatura. Cada vez que ella hablaba, a él le inundaban recuerdos de un pasado penoso, del cual no se arrepentía de nada, si un destino se le apareciera y le ofreciera cambiar algo de su vida, no cambiaría nada ¿Con qué objetivo? Si una y una y otra vez cometería los mismos errores.
La guitarra era escurridiza entre los dedos temblorosos de Dicky, tal parecía que existía una fuerza mucho mayor que se negaba a que él se marchara del recinto, primero debía aclarar sus asuntos pendientes. Notó una calidez en su hombro izquierdo, una ternura que hacía mucho tiempo atrás no había sentido y le dio mucho más pavor, porque era un recuerdo pasado que no quería revivir, le era imposible perdonarse el hecho de marcharse de un bar en llamas, donde era más que seguro que nadie sobreviviría, pero su egoísmo le llevo ventaja, dejándolo a él sano y salvo ¿Con qué cara iba a enfrentar a Esteban? Se repugnaba por ser la persona que era y que sería –Gracias- Su voz era apenas un murmullo sin sentido, todo en él se desvanecía.
Y sin medir más palabras, aquella se levantó de la mesa, sin antes lanzarle un beso de despedida al joven asustado y se marchó por la puerta del bar. No sabía muy bien el motivo, pero ella regresaría –No sé si será en este bar, pero la volveré a cruzar- La siguió con la mirada hasta que por fin desapareció de la puerta. No podía respirar en paz, todavía faltaba cerrar cuentas con alguien que Dicky no tenía bien en claro si lo había visto o no -¿Cuánto has visto?- Mencionó sin más, notando como Esteban levantaba las sillas, quizá para comenzar a limpiar. Dejó la guitarra en el mismo rincón que al principio, de nada servía ya escapar, más sabiendo que el cantinero podría haberlo reconocido -¿Por qué me ayudo?- Pregunto, acercándose mucho más. Le fastidiaba el tormentoso ruido de su corazón pero más le molestaba el sonido de las sillas en las mesas, como si él fuera un fantasma “A caso ¿No lo eres?” Irrumpió una voz en su cabeza -¿Puedes parar?- Levanto un poco su voz para hacer notar su reciente fastidio ¿Por qué no podía mirarlo a la cara y simplemente darse cuenta de que no, no podía ser Esteban? -¿No me reconoces, cierto?- Su voz había dejado de parecer seguro, es que mismo él no se encontraba seguro de absolutamente nada, se arrepentía…quizá.
-No, no lo haces- Dio unos pasos más y se quitó la capucha frente a los ojos de Esteban. Se enfrentaba por primera vez a una verdad absoluta, la misma que Dicky había querido ocultar echándole tierra a lo que nunca fue enterrado. Recordó los ojos verdes del cantinero, las palabras cálidas que siempre le dedicaban, al igual que los dos amigos que siempre lo seguían y que a pesar de lo extraño que a veces la situación podía ser, para Dicky aquel bar era lo único que en toda su vida había llamado hogar –Lo lamento- Bajo la vista, y se volvió a ocultar en las penumbras, no quería más. Hasta ahí llegaba su “Bondad” “¿Qué diablos había querido demostrar con eso?” Se reprendía, girando sobre sus talones y aferrándose a la única cosa que le daba placer…su guitarra –Es tarde, tienes que cerrar y yo me tengo que marchar. Gracias por todo- Era más sencillo pretender no haberlo reconocido. Era mucho más fácil volverse nuevamente en la misma sombra que se había convertido cuando traspaso el bar y se preguntaba ¿Por qué el destino a veces es tan cruel?
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Re: 001 Y como destino... (Privado)

Mensaje  Esteban Ferrari el Jue Oct 30, 2014 1:59 am

Las palabras de aquella mujer, insignificante para mí, no me produjeron absolutamente nada, no le tenía miedo a ese estilo de criaturas, le tenía más miedo a los humanos y a los sentimientos, sobre todo a los que se relacionaban con el amor.
Quite todo mi interés de aquella mujer y continué con el orden en mi bar, aun me quedaban muchas cosas por hacer y no tenía ganas de acabar con un demonio, no por lo menos a esas horas y en mi bar. Sentí como el clima comenzaba a ser normal y las cosas volvían a su calma, estaba seguro que la presencia de aquella mujer se había retirado del lugar y solo quedábamos aquel sujeto extraño y yo.
-¿Cuánto vi? No sé a qué te réferis con esa pregunta. Vi lo mismo que vos.
Realmente no comprendía a que se refería con aquella pregunta, estaba acostumbrado a ver cazadores entregando su miserable vida en manos de un demonio, a cambio de nada. Si a eso se refería su pregunta, realmente no me encontraba asombrado con nada, era una noche normal en un bar lleno de cazadores. Continué con las sillas mientras que sentía como los pasos del sujeto se acercaban de a poco hacia mí, no iba a darle más datos de lo que opinaba con respecto a su pacto, cada uno era grande y sabía lo que hacía, aunque aquel sujeto no era más que un pendejo sin entender nada de la vida.
-No me trates de usted. No soy tan viejo como pensas.
La noche no me estaba dejando una buena jugada en el cuerpo, pero no por eso debía tratarme como un viejo de cien años, apenas estaba cerca de los cuarenta y aun me quedaba mucha vida por vivir a pesar de que todo era muerte y maldición a mi alrededor. La voz del sujeto algo molesto por mis ruidos hizo que me detuviera en seco con una de las sillas entre mis manos, no comprendía que le estaba sucediendo. Deje la silla sobre el suelo y gire lentamente para clavar mis ojos verdes sobre él.
-Me parece que te estas zarpando un poco pendejo.
Entendía que estaba pasando un mal momento, pero terminaba de salvarle el trasero de las manos de un demonio y esa era la manera de agradecérmelo. Fruncí el ceño y me quede observándolo por un buen momento… ¿Por qué debía conocerlo? No era más que un extraño sujeto escondido debajo de una capucha sin rumbo en esta ciudad. Note como dio unos pequeños pasos hacia mí y con un rápido movimiento se quitó aquella capucha que escondía su rostro. Sentí como mi corazón se detenía por completo y mis venas se secaban completamente impidiendo que pasara el oxígeno y la sangre por ellas, el frío comenzó a abrasarme nuevamente y los ojos volvieron a llenarse de aquel líquido transparente pero lleno de sentimientos, una mezcla de deseos comenzaron a correr por mi mente, quería abrazarlo pero al mismo tiempo quería sacarlo de mi bar como si fuera un ebrio más, sentí como en la garganta se generaba un nudo, quería llorar, llorar de bronca, dolor pero al mismo tiempo de alegría al ver nuevamente a mi Rey. Me quede inmóvil en mi lugar sin poder decir una sola palabra, había imaginado miles de veces una escena como esa, pero dentro de mi sabía que aquello jamás se haría realidad, después de todo Dicky estaba muerto o eso creía horas o segundos atrás.
Observe como aquel extraño sujeto a quien ahora podía llamarlo Dicky, tomaba su guitarra y planeaba irse de mi bar, no iba a dejar las cosas así. Sin saber de dónde saqué fuerzas para seguir, di unos largos pasos y tome al sujeto por el codo, impidiendo que se marchara de allí.
-Espera…
Solté rápidamente su codo y me coloque frente a la puerta de salida impidiendo que él pueda irse, conocía a Dicky mejor que nadie y sabía que ante el mínimo hueco que viera se escaparía como una rata y yo no iba a dejar que lo hiciera.
-¿Cómo es posible? Vos estabas muerto. O eso me dijeron. ¿Qué hiciste Dicky?.
Me detuve a observarlo con mas detalle, se encontraba desalineado, sucio, cansado… Era una mezcla de características que me daban a entender que no estaba haciendo bien las cosas. Negué levemente con la cabeza y mantuve los dientes apretados por un momento para contener la bronca, no podía entender como nos había hecho eso a nosotros, a sus amigos, nosotros quienes nunca lo habíamos dejado caer. En ese momento me sentí traicionado por mi propio Rey.
-¿Qué carajo hiciste Dicky? Respóndeme pendejo.
Por su aspecto estaba seguro que se había metido en la peor basura de todas, y temía por su vida, no era fácil meterse en la cama de cualquiera, había muchas enfermedades que seguro aquel pendejo no conocía. Sentí pena por él, yo hubiera cuidado tan bien de él… En cambio aquel sujeto, ahora extraño ante mis ojos, había optado por caer en los brazos de otros negando los míos.
-¿Dónde estabas?.
Tenía miles de preguntas para hacerle y aun podía sentir como miles de sentimientos se agolpaban en mi corazón y en mi cabeza, tenía frente a mis ojos a aquel sujeto que había despertado en mi los mejores sentimientos nunca antes sentidos. Por un segundo había vuelto a vivir, aunque sus sentimientos jamás iban a ser correspondidos hacia mí. Bajé mi mirada por un momento algo apenado por todo lo que estaba pasando en segundos, ahí más que nunca necesitaba a mi amiga… Me aleje un poco de la puerta y dando unos pasos bajé una de las sillas. Por lo visto la noche recién comenzaba para los dos.
-Sentate.  ¿Queres algo de tomar?.
Debía bajar un poco mis revoluciones si quería que Dicky me contara que era lo que había pasado en todo este tiempo, y sin quitarle la mirada de encima camine hacia atrás sin darle la espalda y me senté sobre una mesa vacía para escuchar la historia que él llevaba encima.[/b]
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Re: 001 Y como destino... (Privado)

Mensaje  Dicky Ianacond el Vie Oct 31, 2014 2:26 am

Los dedos del cantinero en su codo, formaban unas cadenas, impidiendo que Dicky se moviera un milímetro más. Su guitarra se encontraba a escasos centímetros de donde estaba él, con sólo estirar un dedo podía alcanzar la funda, apretarla contra la palma de su mano y encontrar la manera de marcharse. No se le pasaba por la cabeza irse sin aquel objeto que era lo único que lo mantenía a salvo. Los dedos de Esteban dejaron que su prisionero fuera al menos libre por aquel tiempo, tomó rápidamente su instrumento musical y giró sobre sus talones, necesitaba marcharse de allí, demasiado daño había infringido durante el día ¿Iba a permitir más dolor a aquella persona que lo salvo en el pasado y que ahora realizaba lo mismo? No, no podía ser tan egoísta. Dicky trato de meterse en la cabeza del cantinero, pero como tantas otras veces le era imposible penetrar esa barrera que colocaba entre el mundo exterior y el interior.
Alzó la mirada, ya no podía mirarse siquiera las zapatillas sucias, necesitaba enfrentarse a los ojos furiosos de Esteban. Se percató de que se encontraba frente a la puerta, estaba más que claro que no deseaba que Dicky logre escapar como la rata que era “¿Qué hiciste Dicky?” Fueron las palabras que más le dolieron, porque eran las mismas que él se preguntaba cada mañana al verse al espejo. Parpadeó, perdiendo un poco el único color que había ganado durante aquellas escasas horas –No hice nada- Murmuró por lo bajo, no entendía muy bien a que se refería con aquella pregunta, pero tampoco tenía la certeza de poder contestarle de manera adecuada –Sólo escape, pensé…- Dejo que la frase quedará en suspenso ¿Qué había hecho en realidad? Estaba claro que había escapado antes de que el bar se viera envuelto en llamas. Frunció el ceño, evitando que algunos recuerdos lo abrazaran, era tan doloroso pensar en gente que no estaba o al menos eso creía de Esteban y allí se encontraba, frente a él –Pensé que si me marchaba nada malo les iba a suceder. ME BUSCABA A MÍ y no sé…no sé porque- Se llevó una mano al pecho, dejando atrás la guitarra. Las piernas eran de gelatina, un error del que no podía decir que se encontraba arrepentido, había vivido toda su vida preguntándose si alguna vez iba a ser el cantante que realmente deseaba y sosteniendo hasta el último momento que no lo detendría ningún obstáculo más.
Había escapado tantos años de su propia verdad que al verse reflejada la pena, la ira y muchos sentimientos más en los ojos de Esteban, sintió por primera vez la misma angustia e impotencia cuando Sofía lo dejo ir –Vague por ahí, solo. Tratando de ganarme la vida- Era todo lo que iba a decirle, jamás revelaría que muchas veces había tenido que hacer cosas que no se encontraba para nada orgulloso, no quería volver a revolcarse en la mugre y menos con Esteban –No puedo deshacer lo que hice, si pudiera, sabes que lo haría, pero no puedo- Abrió bien en grande sus ojos ¿Qué iba a decir? No tenía derecho siquiera a pisar aquel bar, no se sentía a gusto con la presencia de alguien que en vez de despreciarlo como tantas veces lo había hecho, tendría que haberle presentado el respeto que se merecía por ser siempre su salvador –Si te estas preguntando si realmente quería encontrarme contigo, y si ese era el plan, pues déjame decirte que no- Tenía que ser cruel con Esteban, de esa manera podría marcharse sin tener la sensación de que jamás lo volvería a ver, como le pesaba en su corazón cada vez que se le venía a la mente el bar que consideró su hogar envuelta en una bola naranja –Cada vez que me acerco a alguien corre peligro- Lo sabía mejor que nadie en el mundo, Dicky tenía un don que alguien quería, pero para obtenerlo, necesitaba que estuviera solo ¿Tan importante podía ser para alguien? –Con una vez me basta ¿Sabes?- Le espetó de muy mala forma, necesitaba alejarse, no sabía si la mujer con ojos malvados, no estaba en las afueras, oculta en la oscuridad, impaciente a que Dicky se alejará para prender fuego el bar.
Observó con cuidado como Esteban no le quitaba la mirada de encima. Lo que no podía comprender Dicky era el motivo por el cual lo cuidaba tanto, necesitaba entender que tenía de especial para la gente. Se acercó con sigilo a la ventana y desde allí observo. No había nadie, pero sentía que todavía existía esa sombra que lo perseguía siempre.
Bajó la mirada por un segundo, a veces el destino jugaba de una manera bastante cruel. Sonrió de lado mientras negaba con la cabeza –No, no quiero beber nada- Y de pronto se aferró a él un sentimiento de culpa, ira y de algunas emociones más que eran un torbellino en su interior. Encontrarse con un pasado que creyó morir en su interior no era precisamente lo que Dicky quería.
Se acercó a Esteban, dando al menos varios pasos, quedando frente al cantinero –Sé que quieres hacerlo, vamos golpéame, si eso te hace sentir mejor, quién sabe, tal vez logré sacarme el asco que siento de mi persona- Lo estaba incitando a que lo golpeará, necesitaba sentir la ira de alguien, ya no quería que lo mirase con pesar y lástima, era una mirada que no podía soportar –Ni puedes imaginar las veces que me aborrecí de lo que hice esa noche pero ¿Qué hubieras hecho en mi lugar?- levantó sus manos y empujo al cantinero –Soy especial, es lo que escucho día tras día y ¿Qué significa para mí? NADA, no entiendo que sucede a mí alrededor, ¡Vamos, sé que quieres golpearme, hazlo! Dime que todos estos años me has odiado, que has sentido la necesidad de echarme todo tu odio en mi cara ¡Dale! ¿Qué estas esperando?- Volvió a empujarlo, quería que Esteban dejará de mirarlo con esa cara de lástima, eso era lo que más le dolía el alma. Bajó las manos hasta su cintura y las dejo caer como si pesaran y ahogo un sollozo –Deja de mirarme así- Murmuró con los labios pegados, con el corazón en un puño, ahogándose en un mundo lleno de oscuridad, necesitaba una mano que lo ayudará a salir y encontrar el camino que había perdido años atrás.
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Re: 001 Y como destino... (Privado)

Mensaje  Esteban Ferrari el Sáb Nov 01, 2014 1:37 am

Las palabras eran simples susurros sin sentido que salían de su boca, tenía ganas de agarrarlo por la campera y volcar su cuerpo con fuerza contra la pared, había una parte de mí que quería asesinarlo lo veía culpable de las cosas que nos habían pasado a mí y a mis amigos, aunque por otro lado comprendía que la vida de aquel sujeto no era la mejor de todas y finalmente no había sido él quien había enviado a alguien a quemar el bar, después de todo yo también había sobrevivido a aquel incendio y sentía una gran culpa por no poder salvar la vida de mis amigos. Pase mi mano derecha por mi rostro, desde mi frente bajando rápidamente hasta mi mentón, detestaba sentirme de aquella manera, odiaba los sentimientos, sobre todo los que se relacionaban con Dicky.
-¿Te buscaban a vos? Y ¿Te escapaste todo este tiempo de ese destino?. Qué bueno Dicky. Muy bien lo tuyo.
Junte mis manos, aplaudiendo con ironía las palabras de aquel sujeto, no podía creer que vivía escapando de una muerte que seguramente ni él sabía porque lo estaban buscando, prefería esconderse como una rata que enfrentar aquel problema que solo lo llevaría a perder a la gente que lo cuida de por vida, a esa altura comenzaba a sospechar que Dicky no sentía amor por nadie, salvo por él mismo y su guitarra, el resto, cualquier persona que se le acercara con la simple idea de cuidarlo, solo era un sujeto al cual miraría con repulsión. Lo conocía mejor de lo que él pensaba, podía leerlo como si fuera la vieja receta de algún trago lleno de alcohol barato.
Exhale un suspiro temiendo lo peor ante sus palabras y me cruce de brazos intentado descifrar las palabras del chico, había algo que comenzaba a ocultarme y que tal vez llevaría su tiempo para que me cuente la verdad.
-Y ¿Cómo te ganaste la vida? No tenes el aspecto de haber trabajado en bares como lo hiciste tiempo atrás.
Su aspecto tanto físico como psíquico me daba la sensación que no había optado por los mejores empleos para ganar algo de dinero y sobrevivir a la vida, aquel sujeto no se daba cuenta los grandes dotes que llevaba consigo y no me refería solo a su miembro masculino, sino a sus dotes como cantante y actor. No entendía porque a pesar de tener grandes virtudes para triunfar en la vida siempre optaba por el perfil bajo y mediocre, su padre sin duda había arruinado su autoestima en todos los sentidos y había convertido a Dicky en un perdedor por el resto de su vida. Una vida mediocre más en un mundo lleno de mentiras y abusadores. Veía su vida como la mía propia.
-Nadie puede deshacer lo que uno hace Dicky.
Ojala fuera así de simple, si algo de nuestras vidas no nos gustaba poder borrarla o deshacerla como si nunca hubiera sucedido. Todos cometíamos errores, somos seres humanos, pero no comprendía porque él se había marchado de aquel bar para siempre sin buscar una mínima respuesta de lo que había sucedido, si él creía que las cosas habían pasado por su culpa ¿Por qué escapar en vez de buscar la realidad? Había algunas cosas de aquel sujeto que no comprendía y dudaba más de sus palabras a medida que hablaba. Unas palabras ingresaron en mi pecho como si miles de agujas de tatuar se penetraran en mi interior, por lo visto aquel sujeto no tenía intenciones de volver a verme ¿Tan malo había sido en su vida para recibir eso? Podía aceptar que no tuviera los mismos sentimientos hacia mí, después de todo él siempre me había remarcado que era heterosexual, pero con todo lo que habíamos echo por él… ¿No contenía ni un poco de cariño hacia nosotros?. Baje la mirada por un momento intentando que el dolor se esparciera por mi cuerpo, ya estaba todo perdido y no podía recuperar algo que Dicky jamás sentiría por nosotros y mucho menos por mí, debía aceptarlo y ayudarlo para que su vida dejara de ser un peligro ante cualquier paso que se dignaba a dar.
-Nunca quisiste encontrarte conmigo Dicky, en ningún momento lo planeaste, pero las cosas se dan y hay que aceptarlas.
Notaba como que en cada palabra intentaba justificar cada paso que daba, el destino y la vida era de esa manera, sorprendía hasta al mismo que tenía la vida marcada, nadie podía planear lo que sucedería en sus vidas, tarde o temprano el destino te encontraría.
No quite mi mirada de Dicky por nada en el mundo, quería ver y leer cada uno de sus pasos, vi como se acercaba a la ventana y posada su mirada en aquellos vidrios esperando una respuesta en el exterior. Sabía que temía a que aquella mujer lo estuviera esperando afuera en las penumbras de la noche, conocía esa caminata, así lo había conocido tiempo atrás, aquella noche cuando su presencia apareció en el bar después de escapar de unos sujetos que querían golpearlo, comenzaba a tener un deja vu de aquellos momentos felices. Tragué saliva rápidamente para deshacer el nudo que comenzaba a formarse en mi garganta, era momento de bloquear de nuevo muchos recuerdos y sentimientos, ahora lo que importaba era entender la historia de Dicky.
-Te va a hacer bien tomar algo fuerte.
Sabía que aquel pendejo no era de beber muchas bebidas alcohólicas, pocas eran las veces que lo había visto tomar un Whisky en el bar o una cerveza, pero en aquellos momentos de angustia e inquietud tal vez lo mejor era quitar aquel amargo sabor con un líquido fuerte que adormeciera un poco sus problemas y hasta incluso sus pensamientos.
Guarde mis manos dentro de los bolsillos del pantalón negro y observe como se distraía de aquella atracción en la pequeña ventana del bar y con unos cuantos pasos se aceraba a mí, notaba en sus ojos una mezcla de ira y tristeza, uno nunca podía saber cual era la reacción de aquel sujeto y mucho menos ahora que había pasado tanto tiempo de la última vez que lo había visto con vida. Deje mis ojos verdes posado sobre los ojos de Dicky, no temía por mí y mucho menos por la reacción de él, estaba preparado para recibir lo que fuera de mi Rey. Comencé a escuchar las palabras que salían de la boca de él, fruncí levemente el ceño… ¿Realmente pensaba que yo quería golpearlo?.
-Lo que vos sentís por vos, no te lo puede sacar nadie, ni siquiera yo golpeándote.
¿Por qué alguien como él sentía asco ante él mismo? Aquellas definiciones comenzaron a confirmarme que para sobrevivir no había usado las mejores armas, simplemente había optado por seguir el camino fácil. Intente abrir mis labios para contestar a la pregunta que comenzaba a decirme pero sus manos sobre mi cuerpo provocando un empujón de enojo hicieron que las palabras se borraran y mi boca se cerrara de golpe. Quite mis manos de los bolsillos de mi pantalón y me quede por un momento inmóvil, comenzaba a desconocer a ese sujeto sacado de sus casillas comenzando a decir palabras que no comprendía ¿Especial?... Lo era para mí, pero jamás se lo había dicho, era algo que sentía en mi interior y guardaba para mí mismo. Volví a sentir como sus manos volvieron a hundirse en mi pecho provocando nuevamente un empujón que me hizo trastabillar de la mesa en donde me encontraba sentado.
Observe el camino que tomaban sus manos al caer como si cada una pesara una tonelada, por un momento comprendí que se sentía abatido por sus sentimientos y se comenzaba a dar por vencido a que lo golpeara. Rápidamente y sin darle tiempo a pensar me di un pequeño envión con las manos alejando mi cuerpo de la mesa y tome su muñeca derecha entre mis manos y con una leve atracción coloque su cuerpo sobre el mío, hacía tiempo que no podía sentirlo así de cerca de mí, podía oler cada uno de sus aromas, hasta su propio aliento, aquel que en muchas oportunidades me había dejado sumido en mis propios pensamientos y sueños junto a él. Deje aquellos pensamientos por un momento de lado y clave mis ojos sobre sus ojos grandes de color miel, veía su odio, notaba su rencor ante todo sujeto que lo tocara, podía oler como de sus poros salía el desprecio ante todos en el mundo, incluso hacia mí. Dibuje una sonrisa pequeña sobre mis labios y con mi mano izquierda y sin generar mucha presión, tome su rostro entre mis manos.
-No vuelvas a empujarme de esa manera, no creas que vos solo pasaste unos meses de mierda, todos la sufrimos. Es hora de que madures un poco pendejo. Buscar pelea de esta forma no te va a llevar a nada.
Mi tono de voz ya no era el tranquilo con el que lo había tratado toda la noche, quería poner una barrera entre mis sentimientos de amor y mis sentimientos de odio, en aquellos momentos necesitaba que Dicky se quedara en el bar y la mejor opción era demostrarle que con él ya no me sucedía más nada, que mis sentimientos se habían apagado para siempre y que mis sueños se había desvanecido hace tiempo a su lado, aunque interiormente sabía que era todo lo contrario. Recorrí su rostro con mis ojos y rápidamente lo solté para alejarlo de mi con un leve empujón.
-Y no te odio, ni te odie. ¿De qué me sirve? Creo que ya tenes suficiente con el odio que te tenes a vos mismo.
Note ante sus palabras casi ahogadas por las lágrimas y el dolor que no se sentía cómodo con mi mirada, no quería intimidarlo de aquella manera, sabía que si seguía con mi actitud de lastima eso solo haría que se marchara de aquel bar para jamás volver a verlo y tal vez no resistiría volver a perderlo. Me acerqué nuevamente a la puerta dándole la espalda a Dicky por un momento y sacando las llaves de mi bolsillo cerré la puerta del bar asegurándome de que esa noche por lo menos no escaparía.
Gire sobre mis talones para caminar hacia la guitarra y tomarla entre mis manos, era hora de calmar un poco aquel clima tenso que se había generado. Pase por al lado de Dicky y con una pequeña palmada en el hombro continué con mi camino.
-Veni, vamos a tomar algo. No voy a dejar que te vayas, esa mujer seguramente te está esperando afuera para cazarte como a un ratón.
Camine hasta atrás de la barra de madera y apoye la guitarra a unos pocos centímetros de mí, si aquel sujeto quería escapar primero debía buscar la guitarra y para eso debía pasar por encima mío. Agarre dos vasos de Whisky y serví un poco de mi marca favorita “100 pippers” para acercar uno de los vasos al final de la barra invitando al nuevo cliente a acercarse.
-Toma un poco, esta noche no voy a dejar que te vayas. Podes quedarte acá. Arriba tengo mi casa, vos podes dormir en mi habitación, yo me quedo en el sillón.
Podía sentir como miles de sueños se agolpaban en mi cabeza y como estaban tan cerca de mí pero al mismo tan lejos. Tome el vaso de aquella bebida entre mis manos y llevándolo hasta mis labios tome un poco, ahora era yo quien tenía que adormecer algunos sentimientos e ideas que comenzaba a jugarme una muy mala pasada.
-¿Quién era esa mujer que vino a verte hoy?. Porque no es un ser humano ¿Te diste cuenta de eso, Dicky?.
Apoye ambos codos sobre la barra de madera y deje caer todo el peso de mi cuerpo sobre ellos mientas que mis ojos verdes delineados de negro se clavaban en los movimientos del sujeto, intentaba no verlo con ojos de lastima, pero su aspecto me decía a gritos que la había pasado mal todo este tiempo en la calle y comenzaba a sentirme culpable de no haberlo cuidado en aquellos momentos como correspondía.
-Necesitas un baño con urgencia. ¿Comiste algo? Tengo algo de comida si queres.
Me costaba tener que ser frío ante mi Rey, quería abrazarlo, pero si lo intentaba conocería la reacción del joven hacia mí y no me sentía preparado para recibir un rechazo más de aquel sujeto, quien ahora llevaba el nombre de Dicky.







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Re: 001 Y como destino... (Privado)

Mensaje  Dicky Ianacond el Sáb Nov 01, 2014 2:56 am

Su voz calma no lograba tranquilizarlo, lo ponía mucho más nervioso y lo enfurecía. Si Esteban sentía la necesidad de llegar hasta los más oscuros sentimientos del chico, pues no lo lograría. Dicky se sentía un ratón en una enorme jaula, donde todos los gatos querían al menos un pedazo de él y sin saberlo se metía más y más en la pelea. Bajó la mirada y decidió tomarse todo su tiempo para contestar, no se le ocurría nada particularmente interesante que pudiera salir de su boca cruel. Notó que los aplausos eran más que una burla por lo maravilloso que había actuado, apretó la mandíbula, mientras su ceño se fruncía –Dime ¿Qué hubieras hecho en mi lugar? ¿Pelear? ¿Contra qué? ¿Contra quién?- Pregunto tratando de calmar cierta ira que comenzaba hacer mella en su interior.
Dicky había creído ingenuamente que al escaparse del bar nadie saldría herido más que el mismo, si se alejaba de todo aquello que alguna vez considero hogar y se quedaba sin nada, el hombre que lo perseguía lo seguiría para tomar represalia, pero como todas las decisiones del jovencito, había salido mal –Se empeñan en arrebatarme todo lo que tengo. Lo más gracioso es que no tengo nada- No quería sonar pesimista pero lo era en aquellos momentos en donde su vida comenzaba a tomar nuevamente otro giro del cual no se sentía del todo preparado. Se maldecía aquella noche y no era una maldición como tantas otras. Si no hubiera sentido que alguien le pisaba los talones, probablemente no hubiera entrado al bar, y en ese caso no estaría allí, parado como si se encontrará en el banquillo de un acusado. Temía verse reflejado en aquellos ojos verdes, siempre le habían demostrado que sentían admiración ¿Qué sentirán ahora? Se preguntaba Dicky dubitativo.
Ladeó apenas el rostro, logrando que una tenue luz dibujara sus líneas perfectas de su boca, que la tensaba al escuchar la pregunta de Esteban –No, no he trabajado en bares- Y era todo lo que le diría, no deseaba hondar mucho más en sus recuerdos más oscuros –Si tu pregunta es si me siento orgulloso, no lo sé- No, claramente no se sentía orgulloso con nada de lo que hacía, cada decisión que tomaba era pésima. Su alma estaba desgarrada, pero no podía mostrar su debilidades, no ante Esteban, quién Dicky sentía que le debía todo y que sin embargo se estaba comportando como el imbécil que era.
Las palabras del cantinero fueron como unos golpes más a su orgullo ya herido. Se movió apenas, aun parado, deseando que la misma oscuridad se lo tragara para no regresar nunca más “Nadie puede deshacer lo que uno hace Dicky” tenía razón, y lo peor de todo es que a pesar de que llevará esa vida mediocre, llena de obstáculos en su camino, hubiera tomado una y otra vez las mismas decisiones.
Permaneció mudo, le habían robado hasta las ganas de hablar, sentía que el cansancio le estaba jugando una mala pasada, ya no sentía miedo. Por primera y única vez se sentía protegido, pero se negaba a que aquellos sentimientos volvieran a resurgir, necesitaba escaparse,  y correr riesgos. Despertar cada mañana agradeciendo que una vez más se encontraba vivo pero ¿Por cuánto tiempo más?
Notó que sus palabras hirientes habían hecho daño, lo que más le sorprendió fue la reacción del cantinero. Alzó la vista confundido, era como un perrito en busca de su dueño, por un lado estaba allí con Esteban, quién tiempo atrás no sólo le había entregado una parte de sus sentimientos, además de un hogar cálido y placentero, y que ahora lo había vuelto a rescatar y por el otro lado se encontraba aquella mujer que estaba al acecho, esperando a que Dicky pusiera un solo pie afuera para hacerle daño. Nunca se había puesto a pensar el motivo por el cual esos seres extraños se acercaban a él, siempre con el mismo pretexto de que era especial y por más que intentara entrar en la mente de estos seres, se convertía en dolor, ira y una oscuridad totalitaria. Las palabras de Esteban fueron como susurros para él, Dicky se encontraba en otro sitio, tratando de descifrar si era afortunado o desde el día que nació su destino se había torcido para convertirse en parte de una vida de mierda que debía dejar atrás. Tenía un sueño, que ha sido pisoteado por todos, sin bajar los brazos se levantaba y comenzaba de nuevo. Golpes, insultos y mentiras corrían por las venas del muchacho. Caras y nombres que no conocía, sonrisas falsas que le proponían un mundo lleno de magia, pero que terminaban en pesadillas.
Eran ciertas, las palabras que escupía Esteban en su rostro, eran tan ciertas como la frustración que sentía. Por más que el cantinero se quitará la bronca, Dicky no podría dejar de aborrecerse, pero al menos podría hacer algo por su salvador.
El bar sumido en un silencio tenso, se vio interrumpido por el correr de unas sillas y de una mesa, al trastabillar Esteban tras el empujón que Dicky le había proporcionado. Allí se encontraba frustrado, herido y enojado, nada de lo que planeaba parecía surtir efecto ¿Por qué lo trataba como si él no hubiera hecho nada? Ahí estaba el culpable de sus amigos ¿Por qué no lo golpeaba como realmente se lo merecía? No comprendía el motivo por el cual el cantinero se quedaba allí, tratando de mermar la ira que sentía el joven, mientras las palabras, avivaban la llama. Sus ojos pardos estaban concentrados en sus pies, quería marcharse, alejarse y que Esteban olvidará aquel momento, como probablemente trataría Dicky, le costaría saber que podría regresar al hogar que años atrás había tenido el placer de conocer, quizá diferente al cual lo recordaba, faltaban miembros de esa familia, pero estaba el que llevaba todos los pesares. Por más que él no lo dijera abiertamente, Esteban formaba una parte importante en la vida de Dicky, a veces era mucho más sencillo fingir que no existía para no sufrir más de lo que ya estaba sufriendo, mientras que otras, sentía la necesidad de convertirse en humano, tener sentimientos que lo hicieran despertarse. Notó que una mano le aferraba con fuerza su muñeca. Alzó la vista desconcertado y se topó con los ojos verdes del cantinero, notó que sus cuerpos estaban casi en contacto el uno con el otro y sintió miedo. Intento abrir la boca para decirle algo hiriente. Las cosas ya habían quedado claras en el pasado y tal parecía que su mirada no decía nada, eso era lo que más le sorprendía. Trato de romper aquel contacto visual, pero Esteban había descubierto una ventana a la cual podía pasar. Lo tomó del mentón, negando que quite la mirada a aquellos ojos verdes intensos que era n rayos x para Dicky.
Sintió el aliento golpeando su rostro mientras dejaba deslizar por su boca las palabras que lo paralizaron, por su culpa también había pasado unos meses, quizá años terribles –Lo…siento- Murmuro casi en susurro, no sabía a ciencia cierta si se había escuchado, pero esperaba que así lo fuera y que comprendiera que sus palabras fueron desde lo más profundo de su corazón.
El empujón lo hizo trastabillar, pero no perdió del todo el equilibrio y se quedó parado allí, con el corazón abierto como si una ventana abierta la hubiera abierto para dejar escapar el alma. Era tan difícil escuchar desde la perspectiva y desde la voz de otra persona, el odio que se tenía a sí mismo, nunca se había planteado en realidad porque se detestaba tanto, quizá porque así se lo habían enseñado [color=#336699–Deberías odiarme ¿Por qué no lo haces? No fui, no soy y no seré un ser humano normal-[/color] No eran de enfado aquellas palabras, sino más bien de alguien que se resignaba ¿Podía cambiar? No lo sabía, nadie le dio la oportunidad de hacerlo.
Lo siguió con la mirada, mientras veía como Esteban cerraba la puerta del bar, estaba casi cantado de que no le iba a resultar nada sencillo escapar de aquel sitio. De todas formas Dicky por primera vez se sentía tan seguro que poco a poco ya no sentía la necesidad de escapar, allí sus temores se veían dormidos, tranquilos hasta incluso parecían no existir. Quería acurrucarse justo donde se encontraba parado y dormir allí. Notó que el cantinero aferraba su guitarra, estaba más que claro que no lo dejaría marcharse tan rápido. Asintió con la cabeza, algo abatido por todo lo que acababa de suceder y se acercó tímidamente –Me la gané después de trabajar muy duro- Comentó mientras señalaba la guitarra que se encontraba detrás de Esteban. No quería mencionar a aquella mujer, le resultaba escalofriante pensar que podría aparecer en cualquier momento –Sé que la volveré a ver- Murmuró con la mirada perdida en la puerta, recordando cuando la vio entrar con su paso abrumador –Me sigue desde hace un tiempo ya, no es sólo ella, hay otros- Hablaba con total naturalidad, perdiendo el altanerismo con el cual había enfrentado a Esteban.
Tomó con cuidado el vaso que este le daba, rozando sus dedos con los del cantinero. No le gustaba el alcohol, pero durante mucho tiempo era lo único que lo mantenía caliente, se llevó el vaso a los labios y bebió con cuidado –No tienes por qué preocuparte, puedo dormir en cualquier parte, incluso aquí- No se iba a poner en exquisito, había dormido en peores condiciones, aquel bar era todo un lujo para Dicky. Sus ojos pardos volvieron a clavarse en los ojos verdes del cantinero “Por más que el tiempo le haya marcado un destino cruel, sigue siendo el mismo” Pensó con amargura, porque él también hubiera deseado no haber cambiado tanto durante ese tiempo –No te preocupes, he comido- Mintió, mientras tomaba otro trago, esta vez largo del wisky –No puedo quedarme- Dejo el vaso sobre la mesa bien lustrada, esta vez se le oía con desesperación –No puedo quedarme porque sucederá lo mismo que la última vez ¿Quieres que suceda lo mismo? Porque yo no –Nuevamente el miedo lo abrazaba y sin más se abrazó él mismo, no sabía si iba a sentir su calor, pero al menos un poco más protegido –Has vivido bien sin saber que estoy con vida, si me marcho ahora, parecerá que nada sucedió y podrás retomar lo que has estado haciendo- Fingió una leve sonrisa, pero sentía un nudo en la garganta que  le oprimía el pecho y sin más colocó sus manos sobre su rostro y lloró como nunca.







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Re: 001 Y como destino... (Privado)

Mensaje  Esteban Ferrari el Jue Nov 06, 2014 11:42 pm

-No sé qué hubiera hecho. Quedarme supongo como lo hice antes mientras se incendiaba mi hogar, mis amigos y vos.
No podía definir en esos momentos lo que él significaba para mí y mucho menos responder con sinceridad lo que hubiera hecho si hoy en día volvería a ocurrir aquella desgracia, a pesar de estar capacitado de otra manera para enfrentar lo que había provocado el incendio no me encontraba seguro cual sería mi actitud ante ello. Aun así no comprendía porque Dicky se echaba toda la culpa a él solo, porque decía que lo buscaban a él… ¿Qué tenía para ser buscado por aquella extraña persona? Seguramente aquel sujeto tampoco sabía la respuesta por lo que no me arriesgue a preguntar, no quería una pregunta a la cual tendría una respuesta vacía.
Tanto Dicky como yo habíamos perdido todo en aquella desgracia, ambos tuvimos que empezar de cero y renacer del dolor y de la perdida, sabía que aquel sujeto sentía algo de cariño por nuestra amiga y por aquel hombre que siempre se dedicó a marcarnos el destino, ellos habían logrado abrir un pequeño hueco en el corazón frío de aquel sujeto, algo que yo jamás había logrado aunque mi esfuerzo había sido eterno, mis sentimientos hacia él habían bloqueado toda la posibilidad de que él algún día me quisiera.
-No iba a preguntarte nada de eso.
No era necesario hacer ningún tipo de pregunta, con su aspecto y sus cortas respuestas podía leer con claridad que no se encontraba para nada orgulloso con lo que había hecho para sobrevivir a esa vida, conocía muy bien los lenguajes corporales de las personas y aunque paso mucho tiempo de la última vez que había visto a Dicky, aun recordaba como leer cada uno de sus músculos. Leí su cuerpo cada noche como si fuera lo único que me daría la paz necesaria para dormir.
En mi acto de bronca hacia aquel sujeto pude escuchar casi en susurro sus disculpas ante mis palabras tal vez un poco hirientes, sabía que su vida no había sido para nada generosa con él y yo no era el indicado para seguir tirando mierda en su cara. Note como mi pequeño empujón había hecho trastabillar al sujeto sin moverse demasiado de su lugar, estaba herido y sus piernas no soportaban el más mínimo empujón que cualquier persona podía darle. Sentí lastima por él, a pesar de haberlo visto en malas circunstancias, jamás lo había visto de aquella manera totalmente desgarrado por el dolor y la vergüenza. Podía ver en sus ojos color miel el miedo que le tenía a la vida incluso al aire que lo tocaba lentamente en la piel. Dicky estaba desarmado por dentro y solo buscaba alguien que lo ayudara a encontrar el principio de todo esto para comenzar a armarse como persona. Pude escuchar sus palabras mientas me alejaba de él y dibuje una pequeña sonrisa en mis labios, la palabra odio se había convertido en la palabra favorita de mi sujeto y era hora de que comprendiera que nadie lo odiaría por sus actos, y mucho menos yo, a pesar de mis sentimientos por él, comprendía que era un ser humano y cometía errores como todos los demás.
-¿Quién es normal, Dicky? Hoy en día nadie lo es
Con todo lo que me había tocado ver en esos últimos meses podía asegurarme a mí mismo que nadie era normal, no había una definición correcta a esa palabra y aquel sujeto debía entender que él tampoco era normal, pero no era nada malo.
Deje que sus palabras invadieran el silencio del bar, me gustaba como sonaba cada una de sus frases salidas de sus labios hasta llegar a mis oídos, había pasado mucho tiempo desde la última vez que había escuchado su voz y aun así podía hacerme sentir muchas cosas. Baje mi mirada por un momento mirando el brillo de la madera mientras que aquel sujeto justificaba el amor por aquella guitarra, sabía que su mayor sueño era ser cantante y aquel instrumento seguramente le había abierto muchas puertas a ese sueño, me sentía orgulloso que al menos se había esmerado en luchar por su sueño sin importar lo que haya tenido que hacer para conseguir la plata.
-Te felicito.
Comente realmente orgulloso por él aunque mis palabras sonaran secas y sin emoción, intentaba calmar mis sentimientos y mi euforia para que aquel sujeto pudiera sentirse cómodo en mi bar sin la necesidad de escapar a la primera oportunidad que tuviera y aun así halagar los grandes logros que había conseguido en ese tiempo a pesar de las trabas que se le cruzaban día a día.
-¿Otros? Y ¿Qué es lo que te dicen?
No quería que mi voz sonara a preocupado sobre aquellos otros, sabía que los demonios estaban por todas partes, pero no podía entender porque habían escogido a Dicky para perseguir, aquel sujeto que no tenía ni siquiera un suspiro entero para entregar, su alma estaba casi en pedazos y era casi imposible armarla de manera completa y estable. Su cuerpo ni siquiera podía ser usado como un portal para los demonios, las heridas eran tanto profundas como superficiales y nadie podía revivirlo de ninguna manera. Su culpa llevaba una pesadez tan grande que nadie podría cargar con ella.
Pude sentir como sus dedos rozaban los míos al mismo tiempo que mi piel se erizaba y mi corazón comenzaba a palpitar a mil por hora, era la sensación más fea tener a mi Rey tan cerca y al mismo tiempo tan lejos, no podía decirle todo lo que sentía por él, jamás podría contarle mis secretos de amor hacia aquel sujeto, aunque él estuviera vivo y frente a mí, debía guardas aquellos oscuros secretos en lo más profundo de mi alma, llevando esos sentimientos conmigo hasta que descansara en un cajón. Sus dulces palabras hicieron que la imagen fúnebre saliera de mi cabeza, posando mis ojos sobre aquel sujeto quien comenzaba a beber un poco de aquel líquido fuerte.
-¿Queres dormir acá con las ratas?.
Sonreí levemente ante aquel loco comentario de Dicky, a pesar de que mi bar relucía siempre recibía la visita de algún roedor que había perdido el camino a casa, afortunadamente solo era una visita y no una estadía permanente o me vería obligado a cerrar el local para siempre. Me moje los labios antes de comenzar a hablar y separándolos, pase mi dedo pulgas e índice por mi labio, comenzando por mi labio superior, pasando por la comisura de mis labios y volviendo a juntar mis dedos en el labio inferior.
-Tranquilo Dicky, podes dormir en mi cuarto, no voy a hacerte nada. Solo busco que descanses una noche de manera normal. ¿Puede ser? .
Asentí varias veces con la cabeza intentando convencer al sujeto que se quedara en mi habitación, después de todo merecía una noche cómoda en un colchón decente sin tener que compartir la cama con ningún sujeto extraño, sabía, aunque Dicky no lo había dicho en ningún momento de aquel reencuentro, que sus noches eran terroríficas y que pocas veces compartía la cama y la habitación con algún humano decente que supiera tratarlo con cuidado, sus palabras jamás habían nombrado aquella desgarradora historia del pasado, pero su mirada triste y su aspecto hablaba más de lo que él mismo creía y para quienes vivíamos en la noche era mucho más sencillo leer cada una de esas cicatrices.
Deje salir un suspiro con el cual marque una pequeña y casi ilegible sonrisa en mis labios, aquel sujeto era muy bueno mintiendo pero sus ruidos podían delatarlo hasta en el mejor escondite del lugar, pude escuchar como su estómago sufría del hambre y se manifestaba mediante sonidos la falta de alimento. Di unos pequeños pasos hacia mi costado izquierdo e inclinando un poco mi cuerpo tome la manija de una heladera escondida a los pies de la barra, solía vivir más allí abajo que en mi propia casa y debía equipar el lugar con las cosas necesarias, con una simple mirada rápida busque algo de comida y coloque sobre la barra unos cuantos sanguches de miga para Dicky, sabía que no era la mejor comida y tal vez no llenaría mucho el estómago de mi Rey, pero podía engañar el hambre por unas cuantas horas.
-Toma, come un poco. No te va a hacer bien tomar alcohol sin nada en el estómago. .
Conocía muy bien en el estado que podía terminar si seguía bebiendo aquel líquido fuerte sin tener algo que lo sustentara en su estómago. No quería embriagar a Dicky y mucho menos utilizarlo de esa manera para sacarle información, quería que fuera él mismo quien tomara confianza conmigo y me contara que había hecho todo este tiempo lejos de mí. El golpe del vaso sobre la barra hizo que me saliera de mis pensamientos y coloque mis ojos sobre las manos de Dicky, podía notar como el miedo hacia que se aferrara su mano a aquel vaso casi vació y su voz confirmo mi teoría. Deje que se expresara libremente ante su desesperación por el simple hecho de que ocurriera nuevamente aquella desgracia, nadie quería volver a pasar por ello y sospechaba que si el bar volvía a arder en llamas no sería yo quien sobreviviera esta vez.
-Yo tampoco quiero que pase lo mismo Dicky. Pero no tiene que pasar. No soy el mismo de antes y aprendí muchas cosas en este tiempo que no estuviste. Ahora se defenderme y puedo defenderte de esos sujetos que te siguen .
Quería explicarle muchas cosas pero no encontraba la manera justa de hacerle entender que a pesar de tener un bar y dedicarme a ser barman y tatuador, también tenía un extraño oficio que me ayudaba a terminar de maneras extrañas con demonios y fantasmas, temía que si realmente le contaba mi nuevo trabajo, aquel sujeto saliera corriendo del bar pensando que había perdido completamente la cabeza, pocos sabían de la existencia de cazadores y demonios en la tierra de los vivos y yo no encontraba la manera en esos momentos de hacerle entender a Dicky lo que sucedía. Observe como se abrazaba el mismo con sus cálidas manos, tal vez buscando un poco de amor hacia él mismo, quería salir de aquella barra y abrazarlo yo demostrándole que a pesar de las cosas del pasado no lo dejaría ir y mucho menos dejaría de cuidarlo, él era mi Rey y se merecía todo mi respeto y cuidado.
-¿Vivir bien? ¿Quién te dijo eso?. No viví, sobreviví día a día a las cosas que me tocaron. No es sencillo salir adelante después de perderlo todo… No fue fácil seguir perdiéndote a vos..
Aquellas últimas palabras salieron de mis labios casi en susurros, no quería abrumar al sujeto con mis sentimientos pero debía hacerle entender de alguna manera que a pesar de hoy estar en pie, me había costado mucho seguir sin él y ahora que se encontraba frente a mis ojos verdes no podía dejar que se fuera, si Dicky cruzaba esa puerta estaba seguro que sería la última vez que lo vería en mi vida. Note como su estado de ánimo cambiaba de un extremo a otro y sin decir más nada se llevó las manos hasta su cara dejando salir toda la presión de su pecho en un desgarrador llanto. Salí rápidamente de atrás de la barra de madera y con unos rápidos pasos me coloque cerca de su costado izquierdo, podía oír desde ahí como su pecho hacia presión para quitar todo el dolor que corría por su cuerpo, sus lágrimas no dejaban de salir de sus lagrimales recorriendo cada centímetro de su rostro y su respiración se escuchaba entrecortada al intentar controlar el desgarrador llanto. Me moje los labios algo nervioso ante aquella situación, y con un suave movimiento coloque mi mano derecha sobre el costado su cabeza atrayéndola lentamente hasta mi pecho, a pesar de no querer tener un contacto corporal con él, sabía que en aquellos momentos el sujeto necesita un poco de consuelo y una pequeña demostración de cariño, aunque en mis adentros tenía mucho cariño para brindarle a él, solo que no era el momento y tal vez nunca lo sería.
-Podes quedarte acá, no va a pasarte nada. Gano lo suficiente para los dos. Por lo menos podes quedarte hasta que te estabilices y te calmes un poco.
Acaricié un poco su pelo marrón y bajando lentamente hasta su rostro infringiendo una caricia me aleje dejando aquella marca en su piel por unos momentos. Temía que si mi cariño se prolongaba por más tiempo mis sentimientos saldrían a flote arruinando todo el clima que habíamos logrado calmar con palabras. Regresé rápidamente detrás de la barra y tome unas cuantas servilletas con la escritura de mi bar, “Therion”, para colocarlas sobre la barra y estirarlas con mi mano hasta donde se encontraba el sujeto. Le haría bien llorar y descargarse de aquella manera, pero también le haría bien contarme las cosas.
-Contame de vos. ¿Qué hiciste todo este tiempo, Dicky?
Y esta vez no me refería a como se la había rebuscado para sobrevivir, sino que había hecho de su vida, que lugares había recorrido y cuantos amores habían robado su tierno corazón, aquel donde no podía entrar aunque vendiera mi alma a los diablos más poderosos. Debía y quería un amor verdadero, no un amor comprado. Volví a tomar entre mis manos un repasador blanco y colocando mis ojos delineados sobre aquel sujeto comencé a fajinar las copas, esperando escuchar la historia de sus labios perfectos.







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Re: 001 Y como destino... (Privado)

Mensaje  Dicky Ianacond el Vie Nov 07, 2014 10:19 pm

En el interior de Dicky sabía que aquella sería la respuesta de Esteban, si realmente hubiera amado a sus amigos ¿Habría decidido no escaparse? Vivió toda su infancia escapando de la ira de un padre que abusaba psicológicamente y que el último año había deseado corromper su juventud. Él sabía que no quería a nadie, ni siquiera a si mismo pero aun así, le pesaba una culpa en su alma que le era imposible quitar. Y ahora que se encontraba frente al cantinero y se veía reflejado en aquellos ojos, cada vez se sentía peor. Prefirió guardar silencio, no se le ocurría ninguna palabra que pudiera suavizar el dolor que seguramente sentía Esteban por la pérdida de unos amigos que para con él habían sido incondicionales.
Jugó con sus labios nerviosamente y sujeto con mayor fuerza el vaso, ya las palabras “lo siento” no iban a surtir efecto. Había momentos, como en aquellos, que se arrepentía de ser la persona que era justo ante los ojos acusadores del barman y otras trataba de demostrarse así mismo que era lo que era por toda la mierda que había tenido que vivir y que seguiría viviendo -Los buenos son los que tienen que pagar el precio de la gente mala- Dejo escapar el comentario. Para Dicky no existían los grises, era blanco o negro, había que ser decidido en la vida y tomar una decisión y era ahí donde su teoría se venía abajo ¿Él en que bando pertenecía?
Alzó la mirada, frunciendo levemente el ceño. No, Esteban no entendía el concepto que Dicky quería hacerle notar, él no era normal, no llevaba una vida normal como cualquiera que se ocupaba de planificar su familia, su trabajo y empezar a crear un futuro, desde la huida de su casa, el joven no tenía un plan definido más que sobrevivir un día más y quizá muy a lo lejos llegar a convertirse en alguien que pudiera cantar –No hablo de la normalidad de cualquier persona- Comentó mientras se mordía el labio y dejaba el vaso a un lado, no le serviría de consuelo algo de alcohol en su cuerpo –Hablo de cosas mucho más allá de lo pensado- Paso saliva, tratando de buscar las palabras adecuadas para hacerlo participe de un secreto que había guardado todos esos años y que no sabía cómo podría llegar a reaccionar, una vez más, su salvador –Me he cruzado en mi camino gente que no es como tú o como cualquiera que pisa este bar- Aunque debía admitir que Esteban se veía totalmente diferente a la última vez que lo recordaba, a pesar de los años, su actitud era diferente, mucho más afable y más tranquilo, aquello le sorprendió, pero en su interior le tranquilizó que aun así no le lanzara la culpa y el odio que de seguro estaba sintiendo por su arrebato de dejarlos morir tiempo atrás. Tampoco podía decir que en aquel bar era frecuentado por gente muy normal, el aspecto de cada uno de los hombres que pudo notar era más bien temible y fuera de lo común –Tampoco me refiero a la extraña mujer que hoy me acosó en el bar, ya me le he cruzado otras veces- Se encogió de hombros ¿Por qué mentir? No ganaba nada fingiendo no conocerla, aunque estaba más que claro que se guardaría ciertos pedazos de su historia personal –Me refiero a gente que tiene ciertas habilidades especiales- Hizo movimientos con las manos tratando de explicar bien lo que necesitaba decirle. Las palabras estaban allí, pero no querían salir, no podían.
Cerró la boca de inmediato, tragando las palabras que quería decirle, el “Te felicito” que salió de los labios de Esteban fueron más bien dagas que ajaban su piel, si eran sinceras no lo decodificaba de esa manera, era como si todo el tiempo pujará en su cabeza el pasado cruel que había vivido durante esos años para alcanzar una guitarra óptima. Dejo el tema atrás, prefería que no se tocara más el tema de la guitarra, era un pasado que todavía no estaba seguro de querer revivirlo.
Se llevó el pulgar a los labios y comenzó a morderse la uña, un hábito poco encantador, lo solía hacer cuando sentía que la presión de sus miedos hacían hueco en su interior. Era el momento justo para contarle la verdad –Esto es lo que quería decirte- Bajo la mano y la volvió a colocar nuevamente sobre la mesa –Desde hace mucho tiempo sé que tengo la extraña habilidad de manejar a las otras personas- Sonaba extraño y Dicky lo sabía, se movió incomodo en la silla y se llevó una mano a la nuca –Es como si pudiera introducirme en sus cabezas y controlarlos desde allí, pero no puedo con todos- Se atajó antes de que Esteban hiciera suposiciones de ante mano –Nunca pude introducirme en tu mente, al igual que con Lullabay y con Dest era exactamente lo mismo. Ustedes poseen una pared que no me permite entrar en sus cabezas y muchas veces, como ahora, que no sé muy bien en lo que puedes estar llegando a pensar- Se quedó callado, quería ver la reacción del cantinero, Dicky ya se esperaba de él cualquier cosa, aunque deseaba que de una buena vez por todas que Esteban dejará de ser tan centrado y pacífico y se arremetiera contra él, necesitaba ver en los ojos verdes del hombre el mismo desprecio que Dicky veía todas las mañanas –Es lo que la mujer quiere, por eso me persigue- Esas palabras eran las que podía decir, al menos de momento, todavía guardaba un secreto mucho más importante que revelarle ese don a Esteban, que lo tenía bajo llave durante muchos años.
Negó con la cabeza, quizá era puro capricho, pero también sentía un pesar en su alma, no quería que la gente se involucrará más allá con su persona –No entiendes, no me puedo quedar por más que mi pobre alma así lo desee. Me buscan y sé que una vez más harán cualquier cosa por obtenerme- ¿Cuántas vidas más se llevarían esas personas con almas oscuras? No, no deseaba que Esteban sufriera por su cobardía, tampoco se iba a enfrentar con la mujer que estaba en las afueras, oculta tras las sombras, de alguna manera Dicky encontraba la manera de sobrevivir un día más –Lo único que me tranquiliza es que no me quieren muerto, porque si no lo hubieran hecho tiempo atrás- Era lo único que lo hacía sentir un poco más seguro, lo acosaban, le susurraban en la oscuridad situaciones horribles de su pasado, trataban de sacar lo peor de él, sin embargo Dicky seguía firme y no cedería ante ellos –Pero no puedo estar seguro de que no te harán daño a ti. Todo aquel que se me acerca, no tiene un final feliz- Quitó la vista de los movimientos del cantinero que se acercaba a una heladerita escondida y colocaba frente al chico un poco de comida. Dicky se concentró en los sanguches que ahora tenía encima de su mesa –Gracias- Murmuró, pero aun así no tomo ninguno, aunque se veían realmente deliciosos, tenía un nudo en su estómago que no le dejaría pasar ni un bocado de comida. Se fijó en el vaso de Wisky que apenas había tocado, una bebida que pocas veces él había tenido el placer de probar, ni se acordaba del sabor de esta.
Llegó a sus oídos una frase que debía dejar pasar “No fue fácil seguir perdiéndote a vos” y comprendió que aunque Esteban no se lo demostrará, aún seguía sintiendo cosas por él –Conocerme fue una maldición para ti y para tus amigos- Su tono era serio, Dicky mismo creía que era él quien llevaba consigo un tipo de encantamiento que alejaba a todas las personas buenas que conocía en el camino –Si esa noche, no hubiera llegado al bar, no estaríamos acá lamentándonos de la muerte de inocentes- Y nuevamente se le encogió el estómago.
Las lágrimas bañaban su rostro, dejando pequeños rastros sobre él, lloraba por todo lo vivido con anterioridad, también por la muerte de sus amigos, por pérdida de su gran amor, Sofía. Lloriqueaba por la situación que ahora estaba viviendo con Esteban, porque era a él quién le debía no sólo una disculpa con el corazón en la mano, sino porque se sentía agradecido de que al menos tuviera un amigo con quién poder compartir alguno de sus secretos. Sintió como el cantinero manejaba su rostro para llevarlo hasta su pecho y sintió como el corazón de confidente latía nerviosamente, necesitaba escapar, alejarse porque comprendía que a pesar de que Esteban quisiera hacerse el fuerte, aún tenía sentimientos muy fuertes para con él, no estaba dispuesto a engañarlo y mucho menos crear ilusiones falsas. Se removió incómodo y notó que el cantinero se alejaba dejando en él un rastro de una caricia que decía mucho más que las palabras no dichas.
-No puedo quedarme- Le dijo Dicky mientras se secaba las lágrimas con el dorso de su mano, era momento de decirle lo que tenía atorado en la garganta –La noche en que se incendió tu bar, el hombre que entró me buscaba a mí. Ya había pisado el bar varias veces y siempre me decía la misma frase que hasta hace poco no entendía el motivo. Si yo hoy decido quedarme...- Y realmente quería hacerlo, sentir al menos las palabras cálidas de un viejo amigo –Me mentiré a mí mismo diciendo que sólo será por esta noche y también te estaré mintiendo a ti, porque sé que no me iré nunca. Y si no huyó como hasta ahora, habrá problemas- Su mala suerte lo llevaba a esconderse en la oscuridad y no deseaba arrastrar a Esteban hasta allí mismo, donde era más que evidente que no habría retorno.
Se llevó nuevamente el vaso de Wisky a los labios y se terminó de un solo sorbo lo que le quedaba del líquido ámbar, le quemaba toda la garganta hasta llegar a su estómago alojándose allí –No hay mucho que contar, sólo que ya no soy el Dicky que conocías tiempo atrás. Vivo de motel en motel tratando de ganarme la vida haciendo música, no deja mucho pero al menos me siento libre- Una tenue sonrisa apareció en el rostro pálido del muchacho, cada vez que hablaba de la música se le iluminaba el rostro.
El alcohol estaba provocando que Dicky no estuviera en todos sus cabales, sus miedos comenzaban a disiparse y su entorno aunque borroso, se veía mucho menos tenebroso. En aquellos momentos sentía una adrenalina que no podía comprender, era novedoso y alentador. Formo una sonrisa pícara en su rostro y se le presento en su cabeza una pregunta que estaba casi seguro de que Esteban estaba deseoso de preguntar. Se levantó, con dificultad de la silla y camino en dirección al cantinero –Yo sé lo que deseas preguntarme- Las palabras eran patosas y difíciles de comprender. Se acercó mucho más hasta quedar frente a Esteban, Dicky podía sentir el aliento del cantinero, así como también se podía verse reflejado en aquellos ojos verdes. Su interior trataba de frenarlo, pero algo lo impulsaba a hacerlo, se acercó mucho más hasta llegar al oído del barman –Quieres saber si me he acostado con otros hombres ¿Verdad?- Siguió con la sonrisa grabada en su semblante, aunque notaba que se sentía muy mareado y fuera de sí –No puedo decir que estoy orgulloso de lo que hice en el pasado, pues no lo estoy, pero tampoco desharía lo que hice ¿Te aborrece mi presencia?- Lo miró con impaciencia, aun con el cuerpo pegado a Esteban –No, no me aborreces, porque tu corazón me dice lo contrario ¡Dale! Échame, finge que no me conoces, de esa manera ambos podremos vivir bien, haz como que nunca he pisado este bar, haz como si fuera un funesto sueño, ¡Vamos, despierta!- Alzó una mano y se aferró a la remera oscura del cantinero, empujándolo hasta la pared más próxima. Lo estaba provocando, necesitaba que sacará toda la ira que tenía dentro, porque a pesar de lo mucho que Esteban decía extrañarlo, Dicky también sabía que algo de él odiaba, quería y exigía saberlo.







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Re: 001 Y como destino... (Privado)

Mensaje  Esteban Ferrari el Dom Nov 09, 2014 2:49 am

Deje que aquel pensamiento relatado en voz alta por aquel sujeto quedara flotando por el silencio del bar, aunque quisiera ayudarlo con aquel pensamiento, desafortunadamente pensaba de la misma manera, las personas buenas eran las que pagaban el mal que otras personas realizaban al andar. Al parecer ser un alma bondadosa y buena en la vida solo te daba la seguridad de terminar solo y casi en ruinas, como si el valor de la felicidad, la alegría y los sueños cumplidos solo se obtenía si eras una mala persona que le gustaba cagarse en los demás y buscar provecho de todo el mundo, algo que no me parecía correcto y que ni Dicky, ni yo habíamos aceptado ser a lo largo de la vida a pesar de los golpes y las cicatrices. Las palabras de aquel sujeto lograron que tomara conciencia de que aún me encontraba en el bar y debía dejar algunos pensamientos de lado, aunque buscara algunas preguntas ese no era el lugar y mucho menos el momento de contestarme a mí mismo, algunas cosas llevaban su tiempo e incluso sus años de ser comprendido y sospechaba que aquella idea de los premios de la vida llevaría su tiempo. Fruncí levemente el ceño al intentar comprender a que se refería él con el término de “normal”, sus pocas palabras no me dejaban armar con claridad cuál era el significado para él.
-Y ¿Cómo crees que es la gente que pisa mi bar?
Desafié al sujeto a ver que acertada podía ser su respuesta al estilo de personas que pisaban mi bar, pocos podían ver a simple vista que los cazadores y demonios solían visitarme cada noche aparentando ser personas normales en busca de una cita o un poco de paz, aunque la mayoría de veces las cosas se ponían algo tensas y el clima de paz desaparecía por un tiempo gracias a los demonios como lo era aquella mujer que había visitado a aquel sujeto esa noche, a pesar de nunca haberla visto anteriormente en mi bar, podía oler a grandes pasos que se trataba de una más del montón, aunque no podía comprender porque buscaba a Dicky, su aspecto no era la de un cazador y mucho menos la de alguien que haya realizado un trato con ella, la expresión de horror ante esa mujer y sus manos sudorosas del miedo cada vez que sus labios la nombraban me aseguraban que mi Rey no tenía planes de hacer un trato con ella y mucho menos tenía idea de quien era esa mujer realmente.
-¿Habilidades especiales?
Aquello sí que me había desconcertado completamente, necesitaba que fuera un poco más claro con sus palabras, podía llamarse especial a una persona por varias razones, pero no lograba comprender a que rama se refería con el mismo. Note como el sujeto se llevaba una de sus manos a su boca y comenzaba a comerse la uña del dedo pulgar, la mayoría de las personas hacían eso para calmar los propios nervios y seguramente Dicky lo hacía por el mismo motivo. Estire a penas un poco mi brazo y tome con mi mano derecha la muñeca del sujeto para quitar su dedo pulgar de su boca, eso no lo ayudaría a calmar nada, solo le traería un gran dolor de estómago.
-No te comas las uñas. Contame ¿Qué es lo que queres decirme?
Y siguiendo el camino de su mano hasta la mesa pude notar como de a poco las palabras se iban formando en su boca para darme una idea más clara de lo que eran las habilidades especiales o por lo menos a lo que él se refería con aquella idea loca, por lo visto el paso de los meses en la calle al sujeto le habían cambiado mucho la mentalidad. Preste atención a sus palabras y automáticamente mi ceño volvió a fruncirse, había escuchado locuras, pero la que comenzaba a decirme Dicky realmente me asusto, comencé a pensar que había perdido la razón con sus ideas y todo lo que le había sucedido en la calle lo había hecho imaginar cosas realmente extrañas. Sus palabras continuaron saliendo de sus labios armando de a poco la historia que quería contarme.
-¿Controlar a las personas?....
Realmente era una locura, en mis pocos meses como cazador jamás nadie se había introducido en mi mente para manejarme a su antojo, y pocos eran los cazadores que aluna vez me habían contado una experiencia como esa, realmente comencé a pensar que la imaginación de aquel sujeto, sumado con el alcohol le estaban dando una muy mala jugada. Me moje los labios intentando aclarar un poco mi mente para saber exactamente que iba a preguntarle, no deseaba hacerlo sentir incomodo, mucho menos ahora que comenzaba a abrirse de a poco con sus secretos. Escuche los nombres de mis amigos de sus labios y sentí como el corazón se detenía por un momento, a pesar de encontrarme de pie, aun no podía superar la muerte de ellos y la culpa que sentía cada mañana al despertar sería una horrible sensación que nadie me quitaría por el resto de mi vida. Deje un momento de silencio en el bar para poder acomodar un poco mis ideas y no atosigar al sujeto con mil preguntas juntas.
-Es decir que siempre tuviste ese poder… Desde la primera vez que pisaste el bar junto con los demás… Y jamás nos dijiste nada.
Realmente me sentía confundido con aquella historia, tal vez si Dicky nos hubiera contado desde temprano su gran habilidad las cosas hubieran marchado de manera diferente, no comprendía porque había tardado tanto tiempo en revelarnos aquel secreto. Volví a dejar caer el silencio en el local y coloque mis manos en los bolsillos de atrás de mi pantalón, sentía una mezcla de traición con decepción… Aquel sujeto había escondido aquel secreto por tantos años a pesar del lugar que le habíamos dado, comprendí que mi Rey jamás había confiado en nosotros y había cargado con aquel secreto por años, hasta ahora.
-¿Para qué te quiere esa mujer? ¿Tiene algún plan con vos por tener habilidades especiales?
Poco era lo que había llegado a mis oídos sobre una guerra que se estaba formando con los demonios más poderosos, y aunque quisiera atar cabos con aquellas cosas se me hacía imposible, mi cabeza no para de sentirse decepcionado con todo lo que estaba pasando a mi alrededor, realmente me dolía que aquel sujeto no confiara en nosotros como nosotros confiamos en él al abrir nuestra casa y nuestros corazones sin tener miedo a ser juzgado por aquellos hermosos ojos color miel. Quite mis manos de los bolsillos del pantalón y tome el vaso de Whisky entre mis manos para beber un poco de aquel líquido, necesitaba pasar ese trago amargo con algo mucho más fuerte.
Aunque observara cada uno de sus movimientos, no comprendía porque aquel sujeto tenía esa necesidad de escapar a toda costa del bar, a pesar de darle toda la pauta de que podía cuidarlo, él insistía con que lo mejor era escapar de ese lugar entregando su débil cuerpo a las manos de aquel demonio que lo tomaría por sorpresa en cualquier lugar donde él estuviera, ellos podía encontrar a cualquiera en cuestión de segundos sin importar lo bueno que fuera uno para esconderse. Temía que si Dicky salía de mi bar sería la última vez que lo vería con vida.
-No te voy a dejar ir. Si te quedas en mi casa te puedo asegurar que esa mujer no puede entrar y no puede hacerte nada ,
A pesar de que mi bar no estaba preparado adecuadamente para demonios, mi casa era todo lo contrario, ninguna de esas cosas podía pasar más allá de un pasillo, en el bar podían darme una buena venta, pero en mi casa quería tener un buen descanso sin tener que preocuparme por ellos. Insistía en que él se quedara allí, no encontraría otro lugar más seguro que mi propia casa y era la oportunidad justa para que pudiera vivir una vida tranquila por un tiempo. Dibuje una pequeña sonrisa ante las palabras de Dicky y negué reiteradas veces con la cabeza, realmente me causaba gracia lo que aquel sujeto comenzaba a decir.
-¿Daño, a mí?. Vamos Dicky… Ellos no me harán nada. .
Conocía muy bien la jugada de aquellas criaturas y podía decir que me encontraba unos cuantos pasos más adelante que ellos, ahora su objetivo era aquel triste sujeto y no iba a hacerles fácil agarrarlo, yo no les haría la batalla tan fácil, antes de arrebatarme a mi Rey, iban a tener que pasar por mi cadáver y no les haría una lucha nada fácil. Me sentía con confianza de asegurarle a él y a quien fuera posible que no le pasaría nada bajo mi cuidado, no iba a volver a perderlo y mucho menos por culpa de los demonios.
Baje la mirada por un momento y apreté mis labios con algo de fuerza, nada podía traer a mis amigos a la vida y ya era hora de dejarlos descansar en paz, yo también los extrañaba y sentía culpa por lo que les había sucedido, pero las lamentaciones no harían que las cosas cambiaran, solo quedaba el sufrimiento para los vivos.
-Para un poco Dicky, las lamentaciones y las culpas no va hacer que vuelvan. Las cosas pasan por algo, son cosas del destino.
Quería que parara un poco de auto culparse por todo lo que sucedía a nuestro alrededor. Nadie podía ponerse en contra del destino, las cosas debían pasar por alguna razón y la respuesta del porque llegaría con el tiempo cuando las vendas de los ojos se cayeran dejando ver la realidad de lo sucedido. Tal vez en esos momentos no comprendía porque mis amigos tuvieron que morir en aquel horrible incendio, pero tenía la certeza de que algún día la respuesta me llegaría llenando mi alma de paz y tranquilidad, sabiendo que ellos descansarían finalmente feliz.
Mire como mi Rey se limpiaba el recorrido de las lágrimas en sus mejillas y su voz sonaba cada vez más convincente de que se tenía que ir de ese lugar, pude notar como su expresión corporal expresaba la incomodidad que sentía al tocarlo, aunque intente ocultar todos mis deseos contra él, aquel sujeto pudo leerlos mejor que nadie. Me lamente por ello, aunque uno pusiera una gran coraza por delante, había cosas que eran imposible esconder y el amor que sentía por él pocas veces había sido escondido o incluso congelado. Coloque mi mano sobre la barra al mismo tiempo que comenzaba a caminar detrás de ella, podía sentir el frío de la madera sobre la palma de mi mano y comenzaba a calmar mi corazón ante la presencia de mi Rey tan cerca de mí. Escuche con atención cada una de sus palabras mientras me acomodaba nuevamente detrás de la barra, debía buscar un lugar donde me mantuviera lejos de él pero donde mi visión fuera perfecta para poder visualizar y recordar cada uno de sus movimientos, aunque lo convenciera de pasar la noche en mi casa, estaba seguro que al otro día me levantaría y él ya no se encontraría conmigo.
-Déjame preguntarte algo. Ese hombre que te busco y comenzó el incendio de mi bar, ¿Alguna vez te dijo que eso es lo que iba a pasar?
No creía que Dicky fuera capaz de saber que mi bar se iba a incendiar matando a todos y él haya guardado ese secreto por tanto tiempo, quería creer que él solo sabía que él era el premio y no que sabía cuáles eran sus planes para obtenerlo. Rezaba para mis adentros que su respuesta fuera negativa o mi mundo comenzaría a derrumbarse de nuevo, podía ser traicionado por todo el mundo, pero no iba a poder soportar la traición de aquel sujeto. El vaso de Whisky quedo vació en cuestión de segundos, clave mi mirada en los sanguches viendo que ninguno había sido cambiado de lugar o inclusive tocado, comencé a sospechar que el alcohol no le haría una buena jugada al sujeto o tal vez sí, después de todo podía lograr que se fundiera en un sueño profundo dejándolo descansar una noche en buenos términos. Pensándolo de aquella manera me quede tranquilo, por lo menos algo lo calmaría y lo mantendría calentito por una noche.
-Es una lástima que nunca hayas cantado en mi bar, muchas personas buscan un poco de música para alegrar la noche. Pero no va a faltar oportunidad.
Le dedique una agradable sonrisa y tome los vasos de Whisky para colocarlos debajo de la barra, me encontraba algo cansado para lavarlas en ese momento, mañana sería un día nuevo y seguramente me levantaría con más ganas de ordenar y poner al día las cosas que hacían falta, por hoy era demasiado alcohol para los dos. Le di una última mirada al bar desde la barra para asegurarme que las cosas se encontraban en calma, era momento de descansar, había sido una noche demasiado larga para los dos y era momento de que Dicky se pegara un baño y pudiera descansar su cuerpo en una cómoda cama, di unos pasos hacia el costado, con la idea de apagar las luces y dar por terminada la charla, pero Dicky me tomo por sorpresa, el manejo de su cuerpo algo torpe y con algo de dificultad para tomar el mando con sus propios pensamientos me dio la certeza de que aquel sujeto se encontraba un poco borracho. Negué levemente con la cabeza y dibuje una sonrisa poco visible, a pesar de ser un pendejo aún no estaba acostumbrado a tomar bebidas alcohólicas tan fuerte como lo era el Whisky. Un par de palabras algo difíciles de entender comenzaron a salir de los labios de Dicky, fruncí levemente el ceño y note como se aproximaba hacia mí quedando cuerpo a cuerpo, mi corazón comenzó a acelerarse de nuevo y contuve la respiración por unos segundos, podía sentir cada centímetro de su piel junto a la mía, separada únicamente por nuestras ropas. Clave mis ojos verdes por un momento en sus ojos miel y comprendí que su sonrisa pícara me llevaría a la perdición misma. Su voz retumbando en mis oídos hizo que la piel se me erizara y cerré los ojos por un momento, quería controlarme, no podía aprovecharme de aquel sujeto en ese estado, no hablaría bien de mí y mucho menos del respeto que le tenía a mi Rey, él podía humillarme las veces que fueran necesarias y yo aun así seguiría obedeciendo y respetándolo como a nadie en el mundo. La pregunta que ahora él me decía en mis oídos era la que me había preguntado una y mil veces desde que había pisado mi bar esa noche, su aspecto me confirmaba que se había acostado en diferentes camas con diferentes personas, pero… ¿Se había atrevido a regalarse ante un hombre? ¿Era capaz de dejar su lado heterosexual para conseguir un poco de dinero?... Si eso era posible… ¿Por qué aquellos sujetos lo habían podido tener y yo aunque me encontrara tan cerca me era imposible tenerlo de la misma manera que ellos?. En esos momentos sentí bronca, por lo que apreté los puños de mis manos con fuerzas, no comprendía a quien iba dirigida la bronca, solo sabía que la sentía y podía sentirla en cada una de mis venas.
-¿Con cuántos hombres te acostaste? ¿Te gusto esa experiencia en tu vida, Dicky?.
Pregunte aun sintiendo su cuerpo junto al mío, mi voz comenzaba a sonar seca y directa aunque mis emociones se encontraban revolucionadas dentro de mí, comenzaba a mezclarse la ira y la idea de golpearlo y el amor y la idea de besarlo como lo había hecho una sola vez en todo ese tiempo. Un solo y simple beso había logrado robarle en una oportunidad… Algo que para mí se había significado todo y para él absolutamente nada.
Note como la voz del sujeto comenzaba subir de tono y comenzaba reclamarle que lo eche del bar y le dijera en la cara cuanto lo odiaba en esos momentos. Sentí su mano aferrarse a mi remera negra y con un simple movimiento me coloco contra una de las paredes, nuevamente comenzaba a buscar la ira en mi para que lo golpeara y lo sacara de mi vida, le era más fácil que lo borrara de mi antes de luchar por algo que valiera la pena o por lo menos para mí lo valía. Achique a penas un poco la mirada y coloque una de mis manos sobre la muñeca del Dicky que sujetaba mi remera, no iba a cumplirle los deseos, si quería pelear y sentir dolor mediante los golpes, conmigo no iba a lograr ese juego. Yo no era como los demás sujetos con los que se había acostado, no quería abusar de él en ningún sentido, solo quería cuidarlo como se lo merecía.
-Vos queres que yo me despierte y te diga todas las cosas. ¿Te la vas a aguantar, Dicky?.
Remarque su nombre con algo de bronca, no me gustaba que me obligara a decirle cosas que en ese momento no sentía. Con un rápido movimiento quite su mano de mi remera y sin soltar su muñeca le di un pequeño empujón para liberar su cuerpo del mío. Apreté un poco más mi puño cerrado, encadenándolo ante mí y con un pequeño giro nuestros cuerpos cambiaron de lugar, ahora era él quien se encontraba contra la pared, solté su muñeca y colocando mis manos sobre su pecho lo empuje contra la pared dejándolo sin escapatoria. Di unos pasos hacia adelante y coloque mi cuerpo encima del suyo, podía sentir su aroma y su respiración agitada por la bronca que comenzaba a acumular dentro de él mismo. Podía oler de sus labios el olor a alcohol y mis ojos inspeccionaron cada uno de los detalles de su rostro, a pesar de que el alcohol había hecho enloquecer a mi Rey, aun se veía perfecto ante mis ojos. Me quede unos segundos en silencio observándolo y coloque mis manos sobre su pecho, haciendo presión para que no pudiera escaparse. Era momento de que terminara con aquel juego del odio hacia él mismo. Comencé a subir mi mano derecha por su pecho lentamente pero con presión para que pudiera sentir el camino que comenzaba a hacer, pase por su cuello y tome su cara entre mi mano para colocarlo frente a mí, lo único que separaba mis labios de los suyos eran nuestras propias narices que impedían que lograra mi objetivo. Coloque mis ojos verdes delineados sobre sus labios y dibuje una sonrisa en mis labios.
-¿Qué buscas? ¿Queres que te trate como te trataron esos hombres?
Y sin soltar su rostro quite el mío a penas un poco para comenzar a oler su aroma por su mejilla, roce apenas mis labios por su piel y me quede un momento con la suavidad de su piel en mis labios.
-Buscas odiarme como los odiaste a ellos cada noche en sus diferentes camas…
Comente rozando mis labios con cada una de las palabras con su piel y me aleje nuevamente de él para quedarme a milímetros de sus labios, esta vez nuestras narices no era lo que nos separaban, solo mi respeto por él impedía que ese beso se diera por completo. Bajé mí mirada algo resignado y me aleje de él poniendo una distancia entre sus labios y los míos. Me sentía frustrado al no poder lograr ninguno de mis objetivos y solo quería que esa noche fuera un recuerdo en mi cabeza. Quite mi mano de su pecho y de su cara y di unos pasos hacia atrás alejando mi cuerpo de su cuerpo.
-No te odio y no me aborrece tu presencia. Solo me duele…
Deje aquella frase incompleta por un momento mientras que mi mirada se perdía en la ranura de aquel suelo algo gastado, quería ocultar el dolor que sentía por lo que había descubierto, pero algunas heridas habían sido abiertas de nuevo y estaba seguro que tardarían un buen tiempo en volver a sanar y cerrarse. Exhale un suspiro totalmente decepcionado y regrese mi mirada a sus ojos color miel, aunque él me lo negara seguía siendo el mismo Dicky de siempre. Negué levemente con la cabeza y coloque mi dedo pulgar sobre sus labios, limpiando cada gota de alcohol que aun quedara en ella.
-No puedo besar esos labios que ya fueron besados por otros. Podes quedarte tranquilo acá, yo no soy como los otros.
Y sin decir más nada quite mi dedo de sus labios y me aleje completamente de él, dejando al sujeto solo contra la pared. Aquellos labios habían sido besados por miles de hombres y yo no podía sanar heridas de desconocidos. Me acerque a una de las perillas de la luz, que se encontraba en la otra punta del bar y corte la luz de aquel sector.
-Subí a bañarte, yo termino de cerrar el bar. Por aquella puerta vas a la casa
Le señale una puerta negra con la mirada que lo conduciría a la casa. Una mala jugada le había jugado el alcohol a Dicky, en cambio a mí, los sentimientos me habían dejado más dolido que nunca.







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Re: 001 Y como destino... (Privado)

Mensaje  Dicky Ianacond el Dom Nov 09, 2014 5:35 pm

¿Cómo era la gente que pisaba aquel bar? Era una buena pregunta la que formulaba Esteban. Para Dicky eran todas las personas, en su mayoría, iguales y se quedó pensativo por unos escasos momentos mientras meditaba la forma adecuada para decirle lo que pensaba de la gente que descansaba con una cerveza en aquel sitio. Recordó el hombre que él había manejado interiormente, era extremadamente alto y ancho, tenía el aspecto de no haber dormido en varios días, con la ropa roída y de aspecto de no bañarse muy seguido –Gente normal, supongo- Comentó el joven mientras se encogía de hombros, no quería menos preciar a la gente que iba a tomarse una cerveza, además él no tenía el mejor aspecto del mundo.
El dedo pulgar de Dicky se separó de su boca tras el movimiento del cantinero, prefirió no decir nada al respecto, nadie le había dicho que eso estaba mal, vivía siendo libre y admitía que no le gustaba mucho que le impusieran ciertas reglas, de todas formas no iba a reprochar nada, no estaba en igual de condiciones. Asintió con la cabeza, pero tal parecía que Esteban no le creía nada de lo que este le acababa de decir –No me crees ¿Verdad?- No demostró la incomodidad que acababa de sentir, le estaba contando una vez en su vida algo que le sucedía de verdad y tal parecía que el cantinero no le creía una sola palabra que salía de su boca –Tampoco puedo demostrarlo- Sabía que con Esteban era imposible, a veces le aparecían fragmentos de imágenes en su cabeza que provenían del cantinero, pero era imposible traspasar la barrera y poder introducirle ideas a este, además estaban solos en el bar y eso dificultaba un poco la demostración de sus poderes.
Se sentía un niño de diez años con los ojos acusadores de un padre que había descubierto una mentira de su pequeño. Asintió con la cabeza, Dicky guardaba para sí muchos secretos que no los sabía nadie más que él –Si, desde que pise el bar hace varios años atrás supe que tenía ese don- Noto que el cantinero se enfurecía con uno de sus tantos secretos, era el momento para que Dicky explicara el motivo por el cual había permanecido callado duramente todo ese tiempo. Nuevamente prefirió guardarse otro secreto más “Ya habrá tiempo de aclarar todo” se dijo a si mismo mientras se acomodaba en la silla –No me dice mucho, tampoco le presto mucha atención- Fue sincero y se encogió de hombros, cada vez que aparecía la mujer el joven trataba de escaparse y no acercarse demasiado a ella, le temía y estaba claro que ella lo sabía, porque jugaba con ese miedo que Dicky sentía –Pero sé que hay una guerra entre personas…no sé muy bien y que buscan gente con habilidades especiales. Tampoco sé muy bien el motivo- Estaba confundido, se le mezclaba todas las veces que la mujer había intentado entablar una cordial conversación con él –Cada vez que la veo evito cruzármela- Una leve sonrisa revoloteo en los labios del muchacho, sentía que la mujer era un ser con el alma oscura y no deseaba contagiarse de esa maldad, ya se sentía una porquería de persona como para cargar algo más que eso –Nunca me intereso demasiado en investigar nada- Pero las cosas se habían puesto peor aquel año, la mujer lo seguía a sol y sombra, siempre haciéndole ver que se encontraba vigilado, que podía jugar con sus miedos y que por sobre todas las cosas estaba allí para recordarle a Dicky que le pertenecía.
Lanzó una fingida carcajada –No has entendido nada ¿Verdad?- Le pregunto dejando una media sonrisa y frunciendo apenas el ceño –No estoy preocupado por mi vida, me ha perseguido durante un año, no me hará nada si salgo del bar más que torturarme con imágenes y palabras, puedo soportarlo- El cansancio le estaba jugando una mala pasada, pero quería explicarle el motivo por el cual no podía quedarse en aquel bar, como primer medida sabía que Esteban aún conservaba sentimientos muy fuertes para con él y que de seguro su presencia allí no era para nada favorable y como segunda medida, si se quedaba estaba más que seguro que el cantinero correría la misma suerte que sus amigos –Si me quedo en el bar, no sé si será hoy, tampoco sé si será mañana, pero encontrará la manera de borrarte del mapa- No quería sonar duro con sus palabras, pero se escaparon sin que él quisiera hacerlo –Por más que haya pasado mucho tiempo, no quiero perder otro amigo- Bajo la vista para concentrarse en sus manos, aquellas que ahora se aferraban al vaso de Whisky. No estaba dispuesto a llorar nuevamente la pérdida de sus amigos, era una grata sorpresa que Esteban estuviera con vida y lo hacía sentir bien el saber que si en algún momento necesitaba algo, podría contar con alguien como el cantinero.
-Un destino que es una mierda- Comentó el chico furioso, realmente nunca le había gustado la frase de que todo sucedía porque un destino quería. No, para Dicky cada uno era digno de elegir lo que era favorable, si cometía errores era porque las decisiones tomadas eran las incorrectas y había que aprender de los errores para empezar de nuevo. Tal parecía que todos los caminos que tomaba él eran los incorrectos. Guardo silencio, no quería y no estaba dispuesto a discutir con Esteban acerca de eso, tal parecía que el cantinero si estaba de acuerdo con todo lo del destino disponía de cada persona.
No le sorprendió la pregunta de Esteban y negó con la cabeza. Su cabeza ahora trataba de recordar algún indicio de lo que ese hombre le decía las veces que aparecía en el bar fingiendo ser un hombre común y corriente. Al principio Dicky había creído que solamente tenía el interés de llevarse un muchacho a la cama, luego comenzó a sospechar que no quería su carne, sino algo más –No, lo único que me decía era “Eres especial, Dicky”- Y se detuvo, eran las mismas palabras que su amigo le decía una y otra vez cuando se alejó de Buenos Aires para vivir en la gran ciudad de San Francisco –Eso era todo- No quería recordar más, le dolía la cabeza cada vez que viajaba al pasado, pero sabía que era necesario para atar cabos.
Nunca le había sentado bien el alcohol, utilizaba esa infusión cuando realmente necesitaba descansar una sola noche lejos de los monstruos que lo acechaban y ahora estaba allí, sin tener el control ni siquiera de su propio cuerpo. Los ojos verdes del cantinero eran espejos que reflejaban el estado calamitoso de Dicky, no sentía miedo, era libre, sin ninguna preocupación que lo detuviera, sin ninguna negativa que lo frenará. La voz de Esteban rompió un poco su encanto, movió apenas la cabeza para recuperar un poco de la visión –No puedo decirte una cifra porque no la recuerdo- Una risa se escapó de los labios entre abiertos del muchacho. Nunca llegaba a tener relaciones sexuales con hombres, los manejaba a su antojo, era sencillo ponerlos bien borrachos para luego introducirse en su cabeza y plantarle imágenes de una noche que nunca había sucedido. Cuando no le era sencillo, trataba de que lo tocaran poco y nada –No, no me gustan los hombres- Le dijo Dicky con desprecio. Detestaba a los hombres que le era imposible manejarlos y que de una forma u otra tenía que cumplir con su deber, odiaba que le pusieran una mano encima y que la boca de aquellos borrachos se posaran sobre los de él. Odiaba tener que fingir un placer que no sentía.
-Tengo el valor suficiente para soportar cualquier cosa, Esteban- Ya con solo decir el nombre del cantinero significaba que lo estaba provocando, quería que él le dijera todo lo que pensaba, necesitaba que alguien una vez en toda su vida le dijera la verdad en su rostro, que le diera una abofeteada. El chico sintió como su puño era desprendido de la remera del cantinero y notó como la mano de este infringía una presión en su muñeca, una leve mueca de dolor apareció el rostro de Dicky, pero aun así no se quejaría. Sucedió todo rápido que no tuvo demasiado tiempo de reaccionar, ahora era él quien se encontraba acorralado en la misma pared que segundos antes estaba Esteban, la mano del cantinero el su pecho provocaba que no pudiera ni moverse y mucho menos escapar de aquella cárcel, se sentía confundido porque no podía leer los movimientos de Esteban, para Dicky aquel era un completo misterio.
Su cuerpo quedó acorralado por el cuerpo del cantinero, podía sentir como el pecho subía y bajaba a causa de la respiración. El joven frunció el ceño tratando de entender que era lo que estaba sucediendo, se removió para tratar de despegar al menos la espalda de la pared. Apartó la vista unos escasos segundos tratando de encontrar la manera de escapar de esas ataduras, y fue en aquel momento cuando sintió que una de las manos acariciaba con presión su pecho. Abrió bien en grande sus ojos pardos, pero era demasiado tarde, el rostro del cantinero se encontraba a escasos centímetros del suyo, podía oler con precisión el olor al whisky que acababan de tomar, se le seco la boca, estaba aterrado y el miedo lo paralizaba, no sólo porque ahora su rostro estaba siendo inspeccionado por los labios de Esteban sino porque no podía mover un solo músculo –Basta- Murmuró por lo bajo con lo poco que le quedaba de valor, sentía como el jadeo que emanaba de la boca de Esteban con cada palabra que chocaba contra su piel, se sentía incómodo y esa incomodidad la trasmitía en su cuerpo removiéndose, tratando de escapar de las garras de su opresor.
Notó el leve empujón que le dio. Dicky quedó con la cabeza apoyada sobre la pared, con el corazón latiendo incontrolablemente, no quería aborrecerlo como a los demás hombres, de ahora en más tendría que tener demasiado cuidado en sus acciones, no iba a darle más motivos a Esteban para que una situación así se volviera a repetir. Por primera vez escuchó el tono de voz del cantinero, no era desprecio lo que salía de esos labios, sino tristeza y decepción. No podía decirle nada, porque Dicky también se sentía decepcionado con él mismo, sus labios entreabiertos, que dejaron escapar un suspiro de alivio, fueron presas de un nuevo contacto, sintió la caricia del dedo pulgar de Esteban, mientras dirigía unas palabras que parecían ciertas –Lo siento- Fue todo lo que atinó a decir mientras se tomaba de la pared para no caer, debido a que sus piernas eran como gelatinas.
Asintió con la cabeza, no estaba en condiciones de reprochar nada. Como pudo y tomándose de lo que encontraba a su paso, se dirigió hasta la puerta y se tomó el picaporte –Lo siento, de verdad, pero no puedo cambiar lo que siento- Era la primera vez que se sinceraba con el cantinero. No le gustaban los hombres y no podrían gustarle nunca, en su corazón aún vivía Sofía.


ROL FINALIZADO







No puedo precisar
sino te canto mi canción
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